Siempre he evitado la camaradería masculina, esos grupos de ‘amigos’ -ahora son chats- en los que se habla mal y pronto, en los que se suelen escuchar comentarios y bromas machistas, homófobas y racistas. Como si lo políticamente correcto estuviese prohibido, los corrillos de hombres muchas veces se convierten en un ‘quién dice la mayor burrada’ y en mirar de reojo preguntándose si el chiste esconde una convicción real más que reprobable. 

De esa masculinidad tóxica, llevada al extremo, nos habla Moffie-término traducible como ‘maricón’ en afrikáans-una película dirigida por Oliver Hermanus, cineasta nacido en Ciudad del Cabo, que nos habla del servicio militar en África del Sudoeste Alemana -hoy Namibia-. En los años 80, los jóvenes reclutados en ese país, eran sometidos a un riguroso entrenamiento, que conllevaba los típicos abusos de autoridad. Los militares imponían a los soldados un código basado en la supremacía blanca -el Apartheid- y el desprecio de la raza negra. Además, se castigaba la homosexualidad y todo lo que oliera a comunismo. En resumen, un credo del odio, inculcado a base de torturas a unos jóvenes desorientados y asustados, que intentaban sobrevivir, en el mejor de los casos, y en el peor de ellos, acababan sufriendo brutales tratamientos psiquiátricos. La mayoría acababa uniéndose a un sistema autoritario, violento, irracionalmente cruel, cuyo único propósito es mantener el poder. 

En este ambiente infernal conocemos a Nicholas (Kai Luke Brummer), un joven que apenas parece estar descubriendo su homosexualidad cuando es obligado a convivir con los peores defectos de la masculinidad. Nicholas tendrá que sobrevivir a vejaciones, agresiones y ejercer él mismo una violencia que va contra su propia naturaleza, mientras se ve obligado a ocultar su verdadero yo. Al final comprobará que nadie sale indemne del fascismo, y también será testigo del fracaso de esa masculinidad, que crea hombres incapaces de conectar con sus propios sentimientos. 

Bien dirigida por Hermanus, que adapta las memorias de André Carl van der Merwe, con estupendos actores jóvenes, a Moffie le falta algo de intensidad en su devastador clímax y quizás la presencia de algún actor maduro con mayor capacidad de dejar huella. A pesar de estos defectos, estamos ante una película notable.