Las “sesiones de gospel” comenzaron como un proyecto en el que los holandeses Onno Smith Paul Willemsen querían recrear a su manera el recorrido de la música negra espiritual, partiendo de las seminales lecciones de Sister Rosetta Tharpe para dejarse imbuir por otros muchos estilos que ahora forman parte natural del género. Su idea inicial fue la de hacer un casting para buscar varias voces que acompañarían sus aportaciones instrumentales al proyecto, pero desde el momento en que la cantante norteamericana Michelle David entró por la puerta a hacer su prueba y abrió la boca para cantar, supieron que no tenía sentido ceder el micro a más invitados, que lo que tocaba era formar un grupo en el que Michelle tuviese el protagonismo que merecía. Habían nacido Michelle David & The Gospel Sessions.

Con todo, la idea inicial del viaje musical se ha mantenido a lo largo de los ya cuatro discos publicados por la formación, cada uno de ellos numerados como si fueran volúmenes de una enciclopedia que se va construyendo sobre la marcha y que no sabemos a dónde nos llevará.
Lo que ya sabemos es que lo del gospel ya se les queda muy pequeño, y que la amplitud de miras les ha llevado más lejos que nunca en este cuarto volumen. 

Cada vez entran más colores y géneros en el juego, todos ellos ejecutados con maestría por una banda en la que ya conviven de manera natural metales y percusiones que al principio era considerados añadidos ocasionales. De esta manera, podemos verles asomarse a músicas normalmente asociadas con países africanos como Nigeria (R´Fissa prueba, pese a su brevedad, lo bien que se les da el afrobeat más purista, mientras que Myshel usa esa habilidad para fusionarla con potente funk) o Mali (el rock tuareg de Testify es una de las sorpresas agradables del disco), con el Caribe (el reggae de Oh My My, que pese a estar bien elaborado, pasa por ser el momento más forzado del disco) o con Latinoamérica (Victory! es un vibrante boogaloo que, además, sirve para que David celebre públicamente la batalla vencida contra un cancer de pecho).

Para ser una diva Soul, David suele ser bastante comedida en sus interpretaciones. Aunque sabe tirar de garganta, la suya es una voz mucho más dulce de lo que solemos escuchar en las grabaciones de soul que han surgido en la era “post-Sharon Jones”, algo que beneficia a deliciosos medios tiempos como Yes I Am Love, o al baladón Second Chance, que cierra el disco haciendo buen uso del molde de It´s a Man´s Man´s World del padrino Brown. Con todo, cuando la banda pone el acelerador y tira de fuerza funk, David les sigue el paso con rabia y elegancia, dando como resultado trallazos como Don´t Give Up.