La nueva ‘normalidad’ nos ha cambiado la vida. La música en directo, uno
de nuestros alimentos culturales de primer orden, ha quedado confinada o
arrinconada para disfrute de streamings, conciertos de aforos reducidos y
distancia ‘social’. Toca adaptarse pero también reflexionar ¿Qué hemos
perdido? ¿Qué hemos ganado? Y, ¿Hacia dónde nos dirigimos?

“No creo que se celebren festivales este verano, en todo caso sucederá como el año pasado con el Primavera Sound en el Fórum, ciclos de conciertos de bandas nacionales” Me lo anticipaba Joan Pons, El Petit de Cal Eril, el sábado 20 de febrero cerrando la gira Energia Fosca en Madrid en el Teatro Reina Victoria dentro del ciclo Madrid Brillante junto a Ferran Palau que estrenaba Parc, publicado el día anterior. 

La realidad es apabullante y las cifras no apuntan a qué la vida vuelva a la anterior normalidad. La pandemia dista mucho de ser historia. La nueva realidad es conciertos en sala pequeñas con aforos reducidos y controlados. Echamos de menos el contacto, tocarnos, porque somos una cultura del roce, del tacto. En lo musical nos faltan esos conciertos a rebosar. La interacción entre el público. La algarada entre sudores, pogos y olas.

No cabe duda que iniciativas en Cataluña como Cultura Segura son un avance. Todo ello bajo el amparo del Ayuntamiento de Barcelona, la Generalitat, un grupo científico del Hospital Germans Trias i Pujol, además de festivales como el Primavera Sound, Sónar, Vida Fest, Cruïlla, Canet Rock y The Project. La prueba de fuego fue el concierto que dieron Love of Lesbian en el Palau Sant Jordi el pasado 27 de marzo con un aforo de 5.000 personas con mascarillas y sin distancia de seguridad, en la que hubo solo 6 contagios por covid en los 14 días posteriores al concierto, 4 de ellos contagios no vinculados a la exposición al concierto. Resultados alentadores, pese a que el coste del evento, medidas sobre la calidad del aire y pruebas sanitarias a los asistentes, es altísimo.

Zara Sierra, de Last Tour International nos cuenta que aún no hay ninguna confirmación oficial de los festivales de la promotora. En un artículo de La Vanguardia de finales de enero, Juan Mari Aburto, el alcalde de Bilbao, ya apuntaba que el BBK se celebrará en julio pero de una forma ‘adaptada’ a la situación actual. Lo cual se puede traducir en ¿aforos reducidos y conciertos sentados?

Puro teatro

Los ciclos de conciertos ¡Bravo Madrid! y Madrid Brillante, el Inverfest o los conciertos en la Independance han tenido gran acogida. Alan Queipo, responsable de Madrid Brillante nos confirma el éxito de Madrid Brillante y nos anuncia una nueva edición de Sound Isidro, el ciclo de conciertos en las salas de conciertos de Madrid, este año centrado en bandas nacionales,  desde el 1 de mayo hasta finales de junio.

Y es que el público está ávido de conciertos porque cuando hay convocatorias acude. Toca amoldarse a horarios diurnos, de vermú o de tardeo. Pasar a otros recintos más propios del teatro o de las artes escénicas o performativas. Donde el sonido gana enteros, pero el resultado pierde en movilidad y en contacto. En estos recintos, los teatros, hay estilos que encajan a la perfección, y otros no casan igual: no, lo siento pero no me veo viendo a Futuro Terror, a Rata Negra o a Nueva Vulcano sentado.

Festivales de pequeño tamaño, como el SinSal (qu se celebra en julio en la isla de San Simón, cerca de Vigo) o el Posidonia (en octubre en Formentera), esperan poder celebrarse porque cuentan con un aforo de 800 y 300 personas respectivamente. “Seguimos esperando ver las circunstancias de mayo para confirmar pero esperamos celebrarlos”, nos comenta por teléfono Luis Campos uno de los codirectores del los dos festivales. Especialmente el Posidonia porque para otoño “tendría que haber cierta normalidad”. La pandemia de la Covid19 ha mostrado la realidad con todo su esqueleto. “Ha exhibido un error muy grave: la cultura no puede ser gratuita, vamos a ver cómo quitamos esa imagen y también cómo se reactiva el circuito de salas de conciertos, las escenas, el acceso de bandas emergentes a locales de ensayos. Los festivales no pueden ser la única alternativa para tocar. Campos abre vetas, da en el clavo. Y lo dice un codirector de festivales.

Tanto SinSal como Posidonia quieren dar un guiño a lo digital, pero su apuesta es presencial. Posidonia 2020 se celebró virtualmente con tres artistas: Rocío Márquez, Marina Herlop y Lorena Álvarez tocando en 6 localizaciones distintas, con un pack de 150 entradas (que incluía acceso a la web virtual, talleres de cerveza, rutas, caja de cervezas, conservas Premium y una copa especial). La apuesta por lo digital fue importante en el caso del Monkey Week, que realizó una inversión audiovisual importante en equipos técnicos y humanos, asegura Tali Carreto, uno de los tres codirectores del festival andaluz. Lo digital, el formato streaming o virtual será un añadido para el Monkey Week pero “la apuesta es por el directo presencial porque el color lo da toda ese energía, esa confluencia de gente, de encuentros, de magia surge y esa sinergia que se genera” añade Carreto. El festival sevillano convierte el barrio de la Alameda en un hervidero musical, en el bulevar y en el resto de recintos. Y es que por mucho que una experiencia audiovisual nos aporte, nos sume, no hay nada como la música en vivo. 

Últimas noticias

El festival Tomavistas se celebrará bajo la forma de un ciclo de conciertos en su escenario principal del Parque Enrique Tierno Galván bajo el nombre de Tomavistas Extra, entre el 21 y el 30 de mayo. El Cruïlla confirmó que celebrará una versión reducida del festival en el Parc del Fórum y repetirá el ciclo de conciertos Cruïlla XXS en tres espacios, el estadio Olímpico, la Antiga Fàbrica Damm y el Diseeny Hub. Probablemente la fórmula de ciclo de conciertos también se repita en el Primavera Sound y la adopten festivales como el Vida. Se han cancelado festivales como el Canela Party, el Resurrection Fest. Para una situación más normalizada habrá que esperar a 2022.

Foto: Adolfo Añino