Volvemos al cómic con Mens sana in corpore ni tan mal, una obra divertida, tan repleta de buen rollo como de reflexiones ligeras pero plenas de sentido común —que buena falta nos hace— e ilustraciones simpáticas, vivaces, frescas y contagiosas, a costa de esa dictadura del culto al cuerpo y la imagen que nos tiraniza más que nunca en esta absurda era de las redes sociales. Eso es lo que nos ofrece la autora granadina Ana Belén Rivero en su segundo libro, publicado gracias al crowdfunding. Mensaje positivo, multitud de —merecidas— andanadas contra una sociedad cada vez más idiota —tú sigue votando a las gaviotas o al Neanderthal naranja que pulula por Washington, alma de cántaro— y una superwoman o superman necesitadas de un empujoncito, o dos, o quinientos, de autoconfianza. Nota: el héroe/heroína eres tú, tontuel@.

Mens sana in corpore ni tan mal nos habla con desparpajo y gracia de una cuestión que, si nos ponemos serios un instante, resulta terrorífica y repudiable —graves trastornos alimenticios y psicológicos, enfermedades, tremenda «presión social», que suele cebarse especialmente con las más jóvenes—. El de la imposición de un canon de belleza y un estándar de vida cada vez más restrictivo en el que el único eje es la estética, que rige nuestras vidas estableciendo unos patrones físicos inviables o, directamente, ridículos ¿Por qué? Porque detrás hay un gran, eterno, inacabable, negocio económico. Salud y belleza «garantizados» si compras tal y cual producto, sigues determinada dieta milagrosa o comes ese infalible alimento zero, bio o detox —normalmente muy verde y muy asqueroso—. Consume salud y belleza. Al final, siempre suele tratarse de consumir…

Afortunadamente, el libro de Rivero NO ES DE AUTOAYUDA —ya podéis volver a respirar—. Su mensaje es muy sencillo, pero más que necesario. No somos una talla, ni una marca, ni el ¿sofisticado? reloj cuenta-pulsaciones y calorías, ni el número de sentadillas que hagamos en el gimnasio. Por supuesto, cuidarse, vigilar por nuestra salud, es tan loable como razonable. Pero eso poco o nada tiene que ver con las hordas de zombis asaltando el Decathlon en busca de la combinación más estilosa de mallas y deportivas para lucir en la enésima maratón que paraliza las calles de tu ciudad… OTRO DOMINGO. O con el número de fotos subidas al Facebook o a Instagram enseñando lo healthy que es tu comida o lo ready que estás para hacer ejercicio «a tope» —pregunta, ¿maquillada? ¿recién salido del barbero? ¿en serio?—. Mens sana in corpore ni tan mal es una desenfadada llamada a recobrar el sentido común.

Aunque un servidor echa en falta algo más de «mala uva» —anunciantes «tóxicos», crossfiters y runners se lo merecen, so cansinos—, Rivero es capaz de condensar buena parte de nuestras frustraciones y estulticia imperante en viñetas e ilustraciones de lo más simpáticas y atractivas, demostrando tener un don con la expresividad de caras —desmesurados ojos, tipo gato de Shrek— y, sobre todo, una naturalidad que no se puede impostar. Todo al servicio de darle la vuelta a esa «tontuna generalizada» que pretende decirnos cómo debemos ser y cómo debemos conseguirlo. Porque vas a envejecer, asúmelo. Porque, por fortuna, los cuerpos son diferentes y cambian, ídem de ídem. Y porque los gusanos —mis personajes preferidos del libro, pragmáticos y sabios— van a dar cuenta de tus restos, por mucho que te atiborres de batidos verdes… Así que, primero, cuídate la cabeza y, si es con un poco de humor, mucho mejor. Confía en tu patata. Ella sabe lo que te conviene…