Aprender a crecer

Seguramente muchos de los que ahora tengan más de 40 años habrán jugado con las famosas figuras de los Masters del Universo, forzudos muñecos cuya estética remitía a la fantasía heroica -creo que en principio Mattel pretendía conseguir los derechos de Conan el Bárbaro- que tuvieron un éxito descomunal en los años 80. Una popularidad catapultada por una serie de animación, que seguramente todos recuerdan, en el que el bien y el mal se enfrentaban encarnados en el héroe He-Man y el malvado Skeletor, que luchaban alrededor del famoso castillo Grayskull. Inmersos como estamos en una recuperación nostálgica de las cosas que nos hicieron felices de niños, Netflix ha producido una secuela de aquella serie animada -que a mí, por cierto, nunca me gustó de niño- pero haciendo hincapié en los juguetes -al parecer, por temas de derechos-. Para ello han contado nada menos que con el gurú del frikismo noventero -también director de cine- como es el simpático Kevin Smith. Un tipo inteligente y sobre todo, entusiasta, al que quizás le falte verdadera inspiración para sorprender.

En esta Masters del Universo: Revelación, Smith demuestra su sabiduría friki y saber hacer: juega de forma excelente en tres niveles narrativos. Primero, le da una necesaria vuelta de tuerca a las expectativas del fan -ojo spoilers– retomando los elementos clásicos de Masters del Universo en una suerte de futuro, cambiando dinámicas y diseños de los personajes y sobre todo, convirtiendo en protagonista a Teela, que aporta, lógicamente, una perspectiva diferente y seguramente más interesante. La jugada es similar a la de Star Wars y Rey, para mí, el personaje más perdurable de la fallida nueva trilogía galáctica. Con esta aproximación -que creo satisface las necesidades de llevar la franquicia a una nueva generación- Smith nos dice, básicamente: chavales, los tiempos han cambiado (para bien). Si esta maniobra era de por sí arriesgada, el movimiento argumental que la provoca no lo es menos -cuidado, spoiler– eliminar de la historia a He-Man y a Skeletor, al menos en estos primeros episodios. Un golpe de efecto -nunca olvidaré cómo Smith mató a Misterio en los cómics de Daredevil– que busca sobre todo llamar la atención. En un segundo nivel narrativo, Smith juega también a lo que -presumo- quería ver el fan: a He-Man y a Skeletor enfrentados como lo hacían en los 80. Esto lo consigue a través de flashbacks, que sirven como contrapunto -nostálgico y distanciado- de la nueva realidad en Eternia, tras la pérdida de la magia. Smith, además, va trufando la narración de personajes secundarios, a cual más recóndito, haciendo seguramente las delicias del coleccionista de las figuras -que, por cierto, me gustaban mucho más que la serie animada-. Por último, Smith, inevitablemente, introduce un humor postmoderno y referencial -son sus señas de estilo- en el que se ríe de los elementos más inocentes de la serie original -los diálogos están repletos de juegos de palabras tontorrones- o de los diseños absurdos de las figuras más locas -Stinkor, el villano que apesta-.

El verdadero mérito de Kevin Smith es haber conseguido integrar todo esto en una historia coherente, sorprendente, interesante y que tiene, además, corazón y auténtica devoción por la franquicia. La animación es estupenda y el reparto de voces es el sueño húmedo de cualquier friki: empezando por Mark Hamill -Luke Sywalker, claro, pero también la voz del Joker en la serie animada de Batman– como Skeletor; Sarah Michelle GellarBuffy Cazavampiros– es Teela; y también están Lena Headey y Liam Cunningham de Juego de Tronos; además de Henry RollinsBlack Flag-, el estupendo Stephen Root, Alicia Silverstone, Justin Long, y Alan Oppenheimer, quien diera voz a Skeletor -y alguno más- en la serie original, por no hablar del colega de Smith, Jason Mewes. Con estos elementos, Masters del Universo: Revelación es una serie estupenda, que se puede ver con los hijos -sobre todo si has jugado con ellos con las nuevas figuras de Origins- y que deja con ganas de más.