8.0
Score

Final Verdict

Massage han conseguido hacer uno de esos trabajos lleno de buenas canciones de indie-pop atemporal, y un disco al que siempre se podrá recurrir cuando estemos faltos de guitarras cristalinas que se funden en dulces y pegadizas melodías.

Massage es una de la banda de Los Ángeles que ya atrajo la mirada de los seguidores del indie-pop hace tres años, cuando publicaron ‘Oh Boy’, el que fue su álbum de debut. Y es que, este grupo de amigos de California, donde nos volvemos a encontrar con Alex Naidus, primer bajista de The Pains of Being Pure at Heart, tiene muy claro que el pop es lo suyo. Algo que se nota en su segundo trabajo, que suena más vigoroso y directo. Es más, ellos mismos declaran que han hecho el disco que siempre han querido hacer. Además de un álbum que estaría entre sus favoritos de siempre sin dudarlo. 

Still Life’ es un disco que no esconde sus influencias. El C86, el catálogo del sello Sarah Records, o grupos seminales de pop como The Go-Betweens y The Chills, han sido la base para crear estas canciones. Y hacen bien, porque, a pesar de que son muchas las bandas que han tirado de estas influencias, hay que saber cómo llevarlas a cabo. Algo que aquí consiguen con tremenda facilidad. Porque, además, es un disco un tanto variado en el que tocan unos cuantos palos de eso que conocemos como indie-pop. 

Still Life’ se abre con “Half a Feeling”, una de esas canciones que le deben una parte de su estructura a Phil Spector -no se olvidan del mítico ritmo de batería del “Be My Baby”-, y la otra a los Jesus And Mary Chain. Un delicioso medio tiempo en el que muestran su lado más sucio. Porque, lo que sí es cierto, es que, salvo en temas como el acelerado “Sticks & Stones”, o ese homenaje al C86 que es “I’m a Crusader”, las guitarras suenan limpias y luminosas. Algo que explotan muy bien en cortes como “Made of Moods” o “Until”, que no pueden sonar más a The Go-Betweens. O en la melancólica “Michael Is My Girlfriend” y su aire a pop de los ochenta. Aunque lo mejor viene en “At the End of the World”, donde sacan las cajas de ritmos a paseo, y se hacen con toda maravilla de canción que podría haber ocupado un puesto de honor en el catálogo de Sarah Records.