«La primera víctima de la guerra es la verdad». Esquilo

Duele mucho, muchísimo, leer este Masacre, obra del escritor, periodista y profesor estadounidense Mark Danner, y considerada como una de las referencias fundamentales para entender lo que significó la llamada «guerra sucia» en Latinoamérica y, más concretamente, en El Salvador. Y no sólo porque el libro, que nos llega de la mano de Malpaso, sea el escalofriante y pormenorizado relato de uno de los episodios más atroces de la Guerra Civil que sufrió el país centroamericano entre 1980 y 1992. Sino porque es un trabajo de investigación absolutamente extraordinario, en las antípodas de lo que en esta etapa absolutamente negra recibimos cada día por parte de la mayoría de medios. Masacre es periodismo político de altura, valiente, exhaustivo, inexpugnable y eternamente valioso para la sociedad.

Masacre disecciona la barbarie acaecida en diciembre de 1981 en las villas de El Mozote y las vecinas La Joya, Los Toriles, Jocote Armirillo, Cerro Pando y Joateca, cuando el batallón Atlacatl, entrenado por el ejército norteamericano, entró en esas aldeas situadas en el departamento de Morazán, exterminando a más de 750 civiles —añádanse las violaciones, vejaciones y ensañamiento deleznable—, incluidos más de un centenar de niños. La página más cruenta de la violencia ejercida contra la población civil por parte del gobierno durante el conflicto contra el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), y una de las más terribles del continente americano en tiempos modernos.

La labor de investigación de Danner, veterano periodista de Utica, Nueva York, especialista en política internacional y áreas en conflicto para medios como The New York Review of Books o The New Yorker, es apabullante. Precisamente en esa prestigiosa revista apareció el germen de este libro en 1993, con el reportaje «La verdad sobre el Mozote». Para entonces, El Salvador llevaba apenas un año de paz tras la firma de los Acuerdos de Chapultepec, cerrando una etapa de confrontación armada que se saldó con más de 70.000 muertos y 8.000 desaparecidos. Sin embargo, y a diferencia de otros lugares que presumen y dan lecciones sobre transiciones hacia la democracia modélicas —habló de España, por si no está claro— que ni por asomo lo son, el pequeño estado centroamericano sí trabajó con Naciones Unidas, realizó juicios y creó una Comisión de la Verdad para investigar lo sucedido y, en la medida de lo posible —siempre un asunto complejísimo— depurar responsabilidades y hacer justicia. Y en ese contexto debe enclavarse este libro. Muy tarde para evitar la tragedia. Pero a tiempo para, al menos, honrar a la verdad y a las personas que perdieron su vida en nombre de la sinrazón militar más cobarde.

Masacre ata todos los cabos sueltos. Danner no se permite juicios de valor ni subrayados emocionales y se atiene exclusivamente a los hechos constatados, las pruebas y los datos disponibles —la labor de documentación es primorosa, añadiendo cerca de 150 páginas en la sección Documentos—, junto a las aportaciones de las personas entrevistadas. Y así realiza la reconstrucción histórica más demoledora y completa. Todo está aquí. Antecedentes inmediatos del conflicto. Situación y contexto de la zona de El Mozote, también respecto al FLMN. Papel y doctrina de las fuerzas armadas salvadoreñas —niego la mayúscula a semejantes asesinos execrables—. La operación militar y su miserable, macabro, desarrollo. El rol cómplice de la vil administración Reagan, apoyando económica y logísticamente a los militares, e intentando rebajar el nivel de sus atrocidades en nombre de un miedo superior: el contagio comunista en América Latina. La guerra mediática en EE.UU al servicio de Washington —especialmente despreciable el Wall Street Journal, cuánto recuerda a otros esbirros actuales del poder—, negando o poniendo en cuestión tanto las investigaciones de los primeros periodistas que pisaron el terreno tras los crímenes de guerra como las manifiestas dudas de la propia Embajada. El olvido posterior y, una vez el conflicto entra en una nueva fase —a partir de 1989-1990, cuando los escasos supervivientes se atrevieron a denunciar lo ocurrido—, la paulatina revelación de la verdad. Nunca completa, siempre necesaria. Como este impecable libro. Cuántos «capitostes» mediáticos necesitan urgentemente unas cuantas lecciones de periodismo como las 325 páginas que nos ofrece aquí Mark Danner. Por nuestro bien.