Basándose en la novela autobiográfica de Jack London, el italiano Pietro Marcello ha creado una película soberbia en Martin Eden. Un film que parece un clásico reencontrado, que tiene la fuerza del cine mudo y una pureza casi inocente, incluso en su discurso político. Visualmente es una cinta tremendamente libre, Marcello nos sobrecoge con cambios de formato -está rodada en 16 mm-, insertos de imágenes que parecen documentales, rostros de gente que parece de otro tiempo, intensos planos subjetivos que nos hacen sentir que estamos viendo el cine por primera vez. Todos estos elementos componen un film precioso y sobrecogedor, de principio a fin. El plano final es de los que se quedan en la memoria, y parece filmado por el Murnau de Amanecer (1927). 

El protagonista de la historia, Martin Eden, es un poderoso Luca Marinelli, que llena la pantalla, gracias a un personaje que mezcla brutalidad primitiva, romanticismo exacerbado, con una intelectualidad que, conforme va creciendo, cercena sus posibilidades de ser feliz. En la trayectoria vital de Martin Eden hay amor, un conflicto sobre la creación literaria, y un trasfondo de lucha de clases que trasciende el simple choque entre socialismo y capitalismo. Empuja al protagonista la rabia del esclavo, del proletario explotado, pero también el amor (imposible) por la bellísima Elena (Jessica Cressy), que protagoniza otra de las imágenes más hermosas de este film imprescindible: cuando lee una carta, mirando a cámara, recuerda nada menos que al Bergman de Los comulgantes (1963). Síntesis del cine europeo, pero con la contundencia de lo nuevo, Martin Eden es probablemente la gran película de 2020 que estábamos esperando.