Así, de entrada, no parecen haber motivos para que Marry Waterson y Emily Barker junten sus mentes y musas en un disco a dúo, más allá de que ambas tienen un largo historial colaborativo. La primera es una británica perteneciente a la realeza folk de las familias Waterson y Carthy (de hecho, su voz a veces recuerda estremecedoramente a la de su añorada madre, Lal), mientras que la segunda es una australiana con querencia por los sonidos de americana, country y soul. El caso es que se encontraron en un campamento musical organizado por una amiga común -la también ilustre “folkie” Kathryn Williams- y ambas encontraron un camino conjunto que albergaba algunas de sus características individuales al tiempo que establecía nuevos planteamientos artísticos en un punto indefinido entre los estilos que las dos habían desarrollado hasta ahora en sus respectivas carreras. El que sus voces se ensamblen y complementen a la perfección es una ayuda nada desdeñable, por supuesto.

Aunque muchos momentos invitan a disfrutar de la desnudez y la simpleza, ya sea con la única compañía de un banjo (I´m Drawn), un piano de juguete (Disarm Me) o un contrabajo (Trick Of The Light, que bien podría pasar por un consolidado standard de jazz), este trabajo es rico en sonidos, arreglos y dinámicas. Y cabe destacar que el campamento de marras también tuvo que ver en eso. Bueno, el campamento y los líos con la tecnología. Resulta que, dentro del proceso de trabajo, Wasterson quiso mandarle a Baker un audio con la grabación casera del tema Twister, y por equivocación lo mando al grupo de WhatsApp de todos los componentes del campamento. Prestando atención estaba Adem Ilhan (respetado compositor, productor y multiinstrumentista), que mandó el audio de vuelta con unos sugerentes arreglos de chelo incorporados. Esto le convirtió de golpe en el tercer elemento del proyecto, desde la silla del productor, y en el gran responsable de que este disco haya cambiado la modestia y la intimidad por un tratamiento más sugerente y ambicioso.

Gracias a eso, un temazo como Perfect Needs consigue desplegar todo su potencial pop al más puro estilo Fleetwood Mac; o Little Hits Of Dopamine combina sus raíces puramente folclóricas con toques de psicodelia y de música oriental. Todo contribuye a un disco que juega con sus ingredientes hasta el punto de hacer al oyente partícipe del placer por descubrir que sin duda invadió a sus creadoras.