Toda ficción histórica necesariamente debe resonar en el presente y la vida de María, Reina de Escocia habla claramente de las reivindicaciones feministas de los últimos años. Eso a pesar de que la película plantea diversos temas en sus primeros compases, como la lucha por el poder, el amor romántico -temas universales- o el enfrentamiento entre católicos y protestantes. Pero nada de eso perdura, estos temas se quedan de fondo, en un desarrollo que revela que su principal interés es hablar, como ya he dicho, de feminismo.

La película nos cuenta que todo el poder que detentan las reinas protagonistas, María Estuardo (Saoirse Ronan) e Isabel I (Margot Robbie) fue en definitiva inútil, porque eran mujeres en un mundo de hombres. Eso, aunque en el momento más estimulante de la película parece que María consigue imponerse como monarca gracias a una mayor capacidad de estrategia, diplomacia, perdón, diálogo, y a que utilizó la maternidad como su gran arma. En un momento del film, María parece capaz de conseguir que un hombre la satisfaga sexualmente sin pedir nada a cambio. Pero todo es una ilusión. Pronto, los hombres alrededor de María -y de Isabel- hermanos, amantes, maridos y consejeros, traicionan, confabulan, predican, asesinan y violan para arrebatar el poder a estas dos mujeres. El patriarcado se impone. La película habla de la falsa premisa de que la mujer es la peor enemiga de otra mujer, de la constatación -en la que coincide con Roma– de que todas las mujeres están solas; y habla también de sororidad: todas son hermanas. Y la verdad, deja a los hombres a la altura del betún.

Con varios puntos en común con La favorita, aunque mucho más académica -aquí nadie vomita- María, reina de Escocia es la ópera prima de Josie Rourke, directora artística de amplia trayectoria en el teatro. El film tiene un magnífico aspecto visual y está nominado a los Oscar al mejor maquillaje y por su vestuario, siendo impresionante en ambas categorías. No es la película del año, pero consigue emocionar y hacer reflexionar sobre una desigualdad que evidentemente no es cosa del pasado.