El sueño de la razón

Hay películas que, en realidad, no quieres ver, pero que son obras imprescindibles. La mayoría de ellas son obras maestras. No diría tanto de Mantícora, de Carlos Vermut, cinta tan perfecta y pulida como áspera e incómoda. Quizás mis reservas para colocarla en el altar del mejor cine se deben, precisamente, a mi sensibilidad moral (personal). El argumento nos presenta a un protagonista, Julián, magníficamente interpretado por Nacho Sánchez, al que, en secuencias, creo que consecutivas, veremos convertirse en un héroe y luego en un monstruo. Con ambas caras del personaje nos veremos obligados a convivir durante un metraje que se hace casi insoportable en un ejercicio de tensión hitchcockiano: sabemos más que los que rodean al personaje principal y nos preguntamos constantemente cómo van a reaccionar al descubrir la terrible verdad (y qué consecuencias tendrá ello para Julián).

En estas, plantea Vermut una historia de amor que resulta inquietantemente contaminada por lo que sabemos, mientras nos interrogamos dolorosamente sobre si un monstruo puede ser alguien capaz de amar y, por tanto, de redimirse. La respuesta está en el arte. ¿Sabemos diferenciar la realidad de la ficción? ¿Es inmoral perpetrar virtualmente un acto deleznable? ¿Se puede ser un monstruo solo en la ficción? Julián crea monstruos digitales para videojuegos, criaturas supuestamente terroríficas que parecen salidas de Avatar (2009) de James Cameron o de una cinta de Guillermo del Toro, autor para el que muchos monstruos son, en el fondo, más humanos que los hombres. Como el doctor Frankenstein, lo verdaderamente monstruoso que hace Julián es crear a un ser humano.

Desde hace décadas, los terrores clásicos como Drácula o el atormentado Hombre Lobo, ya no dan miedo, y tipos como Freddy Kruegger o Jason Voorhees han acabado siendo iconos pop, porque desde Psicosis(1960) el verdadero miedo es asomarse al interior del ser humano. Cuanto más se parezca a nosotros, peor. Pero lo que nos pregunta Vermut es si un artista puede ser condenado junto a sus monstruos, solo por imaginarlos, y propone tres ejemplos de los más grandes: el pintor Francisco de Goya, el director de cine David Cronenberg y el mangaka Junji Ito. ¿Son estos genios monstruos por fabricar imágenes que nos sobrecogen y que nos desvelan por las noches? ¿Lo es Carlos Vermut?