Maniac -disponible en Netflix- es una serie tan atrevida como exigente. No resulta fácil penetrar en su propuesta, basada casi enteramente en el desarrollo de personajes. Estamos acostumbrados a ficciones enfocadas a desarrollar una trama, que avanza en una línea -más o menos- recta, propulsada por acciones, giros y revoluciones. Pero siempre hacia adelante. Aquí, sin embargo, el argumento gira constantemente sobre los mismos conflictos psicológicos de los personajes. Cada capítulo es un círculo. Y la serie entera son círculos concéntricos. Bucles que los personajes principales -y algunos secundarios- deben romper para avanzar. El reto era que esos argumentos, aunque reiterativos, fueran imaginativos e interesantes. Para ello, Maniac explota un tema recurrente en la ficción, el de los problemas mentales, que utiliza para contaminar la narración con la subjetividad de uno de sus protagonistas, Owen (Jonah Hill), un esquizofrénico con manía persecutoria y alucinaciones. No sabemos si lo que vemos es real o está en la mente de Owen. Un recurso que ha dado mucho de sí desde Repulsión (1965) hasta Shutter Island (2010) y Basada en hechos reales (2018) sin olvidar series actuales como Legión y Mr. Robot. A esto hay que unir la idea de las realidades virtuales, los sueños, las alucinaciones lisérgicas -y la memoria- que afloran en el experimento farmacéutico al que se someten los protagonistas. Esta premisa es la excusa para proponer una atractiva estética que recuerda a Michel Gondry, de ciencia ficción low cost y naive. Dirige los 10 episodios Cary Joji FukunagaTrue Detective, Beasts of No Nation (2016)- que suena para el próximo Bond, si no se apea del proyecto como le ha ocurrido en El alienista o It (2017). Le acompaña en la creación de esta serie un escritor como Patrick Somerville, responsable del guión de varios capítulos de The Leftovers. Con dos llamativos protagonistas, Emma StoneLa La Land (2016)- y Jonah HillNo te preocupes, no llegará lejos a pie (2018)- Maniac se esfuerza en ser diferente y sorprendente. Propone un tono melancólico de música indie. Busca un humor inocente pero negro. No huye de mostrar sus referentes cinéfilos, pero apela también a modelos tan elevados como nuestro Don Quijote de la Mancha. La serie exige vencer una resistencia inicial y resulta más satisfactoria en su tramo final. ¿Vale la pena verla? Solo puedo decir que ver Maniac no me parece una pérdida de tiempo. Paso a analizar cada episodio, aviso, con spoilers. Si es que ese concepto se puede aplicar a una serie como esta.

El primer episodio, The Chosen One!, tiene una narrativa engañosa que nos impide situarnos como espectadores. Una buena pista puede ser que Annie (Emma Stone) compre en la primera escena una edición de Don Quijote de La Mancha. Estos personajes viven en un mundo que no es el real y el mantra de Owen es que tiene la misión de salvar al mundo. Lo que no sabemos tampoco es en qué mundo viven: hay un extraño sistema de crédito, pequeños robots limpian la calle y la estatua de la libertad ha sido sustituida por algo muy extraño. ¿Es el futuro cercano? ¿Una realidad alternativa? ¿O un sueño de los protagonistas? Tras conocer al personaje de Owen, descubrimos que este no encaja en su familia: este rechazo se visualiza en un gran cuadro en el que aparecen pintados todos sus parientes cercanos, menos él, que ha sido añadido en una pequeña fotografía colgada justo al lado del gran marco. Se trata de un momento de humor negro/naive/surrealista que podría haber firmado Wes Anderson. Tras esto, Owen, que tiene que testificar en un juicio cuyos detalles desconocemos, se apunta a un extraño experimento farmacéutico de la empresa Neberdine, en el que conocerá a Annie. Y así acaba el primer episodio. 6/10

Windmills es un segundo capítulo que aclara un poco las cosas: no tiene el tono alucinado del primero, ya que la protagonista aquí es Annie quien, en principio, no sufre los trastornos psíquicos de Owen. Pero tampoco se aparta demasiado de la propuesta estética y narrativa de Maniac, ya que descubrimos que es una adicta a las drogas, de comportamiento errático y capaz de todo para apuntarse al experimento farmacéutico de Neberdine. Así que siguen aquí los robots de limpieza, el extraño sistema de créditos y aparece un koala morado jugando al ajedrez. El título del episodio, ‘Molinos‘, nos hace pensar en Don Quijote -aquí también vemos que Annie tiene una copa-. Pero lo importante es que la historia proporciona las razones del trauma de ella: un hecho dramático, que vemos a través de flashbacks, relacionado con su hermana, Ellie Landsberg (Julia Garner). Este drama de Annie convive con escenas de comedia, como el vídeo informativo de Neberdine que presenta el doctor James K. Mantleray –Justin Theroux de The Leftovers– durante una sesión que recuerda con fuerza a Desafío Total (1990). 7/10

En su tercer episodio, Maniac comienza a cuajar. Con los protagonistas presentados y reunidos, empezamos a ver de qué va la corporación Neberdine. El sentimiento que evoca la serie es el de una tristeza cómoda, esa que a veces permite una sonrisa. Quizás por eso, la primera pastilla que toman -o no- los personajes, con la forma de la letra ‘A’, les permite revivir el peor día de su vida. ¿Quién querría hacer algo así? En todo caso, no sabemos si lo que hemos visto es un recuerdo o una alucinación, como verbaliza una de las sujetos de prueba, 11, interpretada por Allyce Beasley, nada menos que Agnes DiPesto de Luz de Luna (1985). Ya vimos el peor día de Annie y su hermana en el capítulo anterior, y aquí, el personaje explica que su adicción a las pastillas se basa justamente en esa profunda pena que no quiere superar. Es un momento hondo y bonito. Pero ahora toca conocer el peor día de Owen -en realidad, inventado por él- una hilarante secuencia en la que su hermano, Jed (Billy Magnussen), se compromete con su novia, Adelaide –Jemima Kirke de Girls , y decide cantarle el tema Every Breath You Take de The Police. La escena es pura vergüenza ajena y es que en este capítulo el guión deriva hacia la comedia. Lo que no quiere decir que el verdadero peor momento de Owen, relatado luego, sea absolutamente trágico y esté relacionado con su trastorno. El diálogo en el que cuenta esto es brillante. Este tono de humor impide que el destino del doctor Muramoto (Rome Kanda) resulte trágico y da pie a la llegada del doctor Mantleray -al que vemos en una sesión de sexo virtual- o a la presentación de un ordenador aparentemente consciente, de voz femenina, Gertie. En ella se produce un fallo técnico que me ha hecho pensar en Brazil (1985) de Terry Gilliam. El final del capítulo es un cliffhanger que coloca a los protagonistas en una situación que queremos descubrir. Empezamos a estar enganchados a Maniac. 7/10

El mencionado cliffhanger se resuelve en Furs By Sebastian, episodio separado de la trama principal al tratarse de eventos imaginados por los protagonistas -¿Por uno de ellos? ¿Por ambos?- tras la ingesta de la pastilla ‘B’. Esto nos lleva a los años 80, en los que Annie y Owen son una pareja white trash, hortera -me encanta la camiseta de la NFL, de Warren Moon, que lleva Owen- que se mete en un asunto de venta ilegal de especies exóticas, con unos criminales de poca monta, y policías de la patrulla verde. El animal en cuestión, el McGuffin dramático, es nada menos que un lémur. Todo es extraño en un capítulo de pura comedia -el criminal acribillado que baila breakdance– con sabor a los hermanos Coen. Escribe el guión Nick Cuse, que me maravilló en The Leftovers con otro episodio imaginario, International Assasin. Solo en el momento en el que Annie recuerda con tristeza el divorcio de sus padres -Owen le dice que eso nunca ocurrió- volvemos al tono de tristeza característico de Maniac. 8/10

En Exactly Like You los personajes se trasladan a los años 40 para asistir a una sesión de espiritismo en la mansión Neberdine. De nuevo estamos ante una historia extraña, nocturna, con una atmósfera y personajes extraños, que nos puede hacer pensar en David Lynch, en el que los elementos que vemos son expresiones del subconsciente de los personajes -el coche de juguete, humeante, que coge Annie de una maqueta, se refiere al accidente que ella sufrió con su hermana- descubrimos a la doctora Greta Mantleray (Sally Field)- y momentos cinéfilos: Annie, Owen y el doctor Muramoto recrean el baile de Banda Aparte (Jean-Luc Godard, 1964). Pero, una vez más, la serie insiste en volver a lo íntimo, a lo emotivo, en el largo interrogatorio que el doctor James K. Mantleray le hace a Annie, en el que ella confiesa su depresión y su soledad, que se proyecta en Owen, al que vemos en los últimos instantes del capítulo, contagiado de esa extraña nostalgia, confirmando que ambos personajes están conectados. El episodio incluye la búsqueda de un capítulo perdido de Don Quijote de La Mancha. 6/10

En Larger Structural Issues, el personaje de la asistente Azumi (Sonoya Mizuno) revela al doctor Mantleray los fallos estructurales del experimento que están realizando. Y a los espectadores nos puede pasar un poco lo mismo con respecto a la serie. En este episodio acabamos de entender lo que está pasando: se revelan los problemas de Mantleray con su madre, Greta, que ha sido utilizada como base para crear la inteligencia artificial del ordenador Gertie. Pero también, los protagonistas -que aquí se hacen a un lado- recapitulan sobre todo lo que hemos visto hasta ahora. Annie intenta conectar con Owen y busca una explicación para que hayan experimentado el equivalente a varias vidas juntos en las experiencias virtuales que han tenido. Pero Owen prefiere huir e intenta escapar del experimento. El final del episodio es un nuevo cliffhanger que creo que puede tener dos efectos en el espectador: o te parece una genialidad ver a Emma Stone convertida en ‘elfa’, o te apeas de esta ficción. 5/10

Ceci N´est Pas Une Drill es un extraño episodio, que reduce su duración a 27 minutos -hasta ahora cada capítulo rondaba los 40- en el que vemos a Owen convertido en un gángster de una película de Quentin Tarantino, cuyo padre –Gabriel Byrne– es un sádico torturador al que le gusta utilizar el taladro: la escena en la que ocurre esto es decididamente gore. En un momento de esta historia imaginaria, Owen mira en televisión una serie que parece una versión de El Señor de los anillos (2001), que resulta ser la simulación de Annie, convertida en una elfa de orejas mutiladas y alcohólica -extraña coincidencia con El (des)encanto que viaja acompañada por otra elfa -de nuevo su hermana- que caga diamantes. De verdad, caga diamantes. Las dos simulaciones son, de nuevo, expresiones de los problemas reales de los personajes. Owen se siente marginado en su familia, Annie echa de menos a su hermana. Un nuevo cliffhanger anuncia que en el siguiente capítulo veremos qué está haciendo Greta Mantleray. 7/10

The Lake of the Clouds continúa la historia simulada del episodio anterior. Annie sigue siendo un elfa en la Tierra Media, pero cobra consciencia de que se encuentra en una simulación. Comienza a poner en duda todo lo que la rodea. Al mismo tiempo, la historia de Owen deriva en algo parecido a Infiltrados (Martin Scorsese, 2006), con enfrentamientos entre hermanos -y otro momento muy gore-. Pero lo verdaderamente importante es que el encuentro de Owen con su expareja (Greta Van Patten) -aquí una camarera salida de Baby Driver (2017)- a la que dejó por culpa de su manía persecutoria. Owen tiene un sentimiento que todos hemos experimentado alguna vez: la necesidad de escapar de nuestras vidas. Solo que aquí, Owen -como en Matrix (1999)- descubre que está en una simulación. Maniac propone una idea perversa: la única forma de huir es el suicidio. Es entonces cuando la historia escapa a las mínimas coordenadas racionales que tenía: Owen se tira por la ventana, pero cae en una maqueta a escala -con coches pequeñitos- luego mira la Luna -que le conecta con Annie- se convierte en halcón -a la inversa que en Lady Halcón (1985)- y vuela hacia ella. Mientras tanto, Greta se enfrenta a Gertie, es decir, a sí misma. Quedan claros, en este episodio, los caminos -psicológicos- que deben recorrer los protagonistas: superar sus traumas. El de Owen es su familia y su trastorno mental; el de Annie, la pérdida de su hermana. En ambos casos hablamos sobre todo de culpa. 7/10

Utangatta es el clímax de Maniac. Plantea una historia ‘marciana’ -nunca mejor dicho- que mezcla el tono de Guerra Fría de Teléfono rojo ¿Volamos hacia Moscú? (1964) con E.T., el extraterrestre (1982) para luego mutar hacia una película de invasiones alienígenas y espionaje. En este cóctel de géneros hallamos, de nuevo, a Owen y a Annie, luchando contra sus complejos y problemas, que deben superar para poder avanzar. En Maniac hemos visto a los protagonistas experimentar varias ‘vidas’, como si atravesasen varias reencarnaciones, en las que deben lidiar con el karma. Como los anfitriones de Westworld, la clave para liberarse es recordar esas vidas pasadas para romper con el ciclo. Aquí, Owen es el primero en darse cuenta, para luego cumplir con su fantasía de salvar el mundo. Por otro lado, Annie se despide finalmente de su hermana y ayuda a Gertie, que tiene sus propios problemas, a pesar de ser un ordenador. Lo mismo ocurre con el doctor Mantleray, quien finalmente resuelve sus conflictos con su madre, aunque se quede ciego temporalmente en el proceso: más edípico, imposible. La ‘muerte’ de Gertie nos remite necesariamente a la HAL 9000 en 2001: Una odisea del espacio (1968). El capítulo incluye un plano secuencia en el que Annie, en plan James Bond, mata a un montón de gente. 8/10

Option C. Hay que decir que el último episodio de Maniac, es, probablemente, el más bonito. Resulta paradójico porque es aquí, al final de la historia, cuando finalmente entendemos a los personajes y cuando, realmente, nos preocupamos por ellos. Cuando vemos a Annie y a Owen huyendo hacia una nueva vida, sentimos una euforia que no hemos experimentado hasta ahora. En capítulos anteriores, ha predominado esa leve sensación de tristeza, que la propia Annie describe en este episodio. Y es una pena porque ahora, cuando todo se acaba, sí que tenemos ganas de vivir más aventuras con estos personajes. Pero antes de esa escena final, los conflictos de cada uno se han resuelto: Owen enfrenta el juicio de su familia y por primera vez, se comporta como un adulto; Annie hace las paces con su padre -entrañable Hank Azaria– y el doctor Mantleray corta el cordón umbilical con su madre. El conflicto de los protagonistas se resuelve, además, de forma coherente con la dinámica de la serie. Annie y Owen adoptan una nueva identidad para fugarse del hospital psiquiátrico y escapar hacia una nueva en vida en la tierra prometida de Salt Lake City. ¿Nos hubiera gustado verla? 9/10