Mandibules

¿Dónde está la mosca?

Quentin Dupiex sigue puliendo su estilo surrealista en Mandibules, una película que se acerca a la comedia todavía más que la anterior Le Daim, y que resulta todavía más accesible que aquella. La premisa, eso sí, vuelve a ser absurda: dos amigos sin oficio ni beneficio encuentran una mosca gigante en el maletero del coche robado que van a utilizar para un encargo aparentemente criminal. A partir de este planteamiento, todo lo que ocurre en la película carece de lógica en el mundo real, pero funciona muy bien dentro de la coherencia desquiciada del relato de Dupiex.

El director presenta su obra en Sitges asegurando que es su primera película sobre la amistad y no le falta razón. Los protagonistas son dos perdedores, absolutamente idiotas, Manu (Grégoire Ludig) y Jean-Gab (David Marsais), a los que les van ocurriendo cosas en una suerte de road/buddy movie. Dupiex mantiene su película en una ligereza deliciosa, sin complicarse la vida en ningún momento, apoyándose en personajes y situaciones sorprendentes, hilarantes y simpáticas. La mosca gigante acaba siendo, claro, el Mcguffin que permite que los protagonistas se encuentren con todo tipo de personajes: un sujeto que vive en una caravana (Bruno Lochet), pijos descerebrados que no se enteran de nada, o una joven con una extraña minusvalía que interpreta una estupenda Adèle Exarchopoulos, probablemente lo mejor de la película. 

Dupiex firma un film que parece haber sido hecho sin esfuerzo y que se disfruta plácidamente, mientras nos dice que la vida es mejor si nos la tomamos como viene.