Mamá y papá es una comedia negra, negrísima, sobre un tema inconfesable: ¿Qué padre no ha tenido ganas de «matar» alguna vez a sus hijos? Utilizando a unos desatados Nicolas Cage y Selma Blair como villanos, el director Brian Taylor fabrica una película inclasificable y cargada de mala leche. Coautor de las macarras Crank: veneno en la sangre (2006), su continuación, Crank: alto voltaje (2009) y una secuela imposible como Ghost Rider: Espíritu de venganza (2011) se puede decir que la mayor virtud de Brian Taylor como cineasta es que nunca se ha tomado sus películas en serio. Ahora sin su socio Mark Neveldine, en Mamá y papá volvemos a encontrar al director chuleta al que le gusta arrojar la cámara sobre los actores y al que monta sus planos al ritmo frenético de la música electrónica. Solo que en esta ocasión cambia su género habitual, la acción, -aunque hay hostias- para desarrollar un argumento que parece una variación del cine de epidemias zombies: todos los padres del mundo se contagian de una furia asesina dirigida contra sus hijos. Como si en el hotel Overlook se hubieran vuelto locos Jack Nicholson y también Shelley Duvall.

Estamos ante una propuesta sci-fi de derribo, sobre unos padres que dejan de ser ‘muertos vivientes’, por las horas de sueño perdidas por culpa de sus retoños, para convertirse en asesinos despiadados de su propia descendencia biológica. Esto da pie a escenas de tensión en las que los adolescentes Carly y Josh (Anne Winters y Zackary Arthur, respectivamente) deben escapar de sus progenitores para salvar la vida. Semejante argumento terrorífico aquí se toma completamente a chufla, por lo que pueden esperar todo tipo de chistes sobre lo que significa la paternidad.

La idea de fondo es una obsolescencia programada biológica: en cuanto nacen nuestros hijos, somos el penúltimo modelo de Iphone. Habla también esta película de cómo tener descendencia significa, muchas veces, el fin de nuestras carreras profesionales, de las relaciones de pareja y el tener que aparcar los placeres personales más mundanos. Nicolas Cage parece un absoluto demente en el papel de padre asesino -repite con Brian Taylor tras la película del Motorista Fantasma, en la que también se dejaba llevar por el exceso histriónico-. Además, el veterano Lance Henriksen hace un pequeño, pero hilarante papel.

Mamá y papá es una película hecha con un argumento imposible, que no se toma en serio a sí misma, y cuya única intención es divertir. Lo hace de la forma más original posible.