Víctimas y victimarios

Maixabel de Icíar Bollaín –La boda de Rosa (2020)- está llamada a ser una de las películas importantes de 2021 y a ser una de las grandes aspirantes de cara a los premios Goya.

Como ya sabréis, esta cinta se inspira en hechos reales: la reunión entre un etarra, Ibon Etxezarreta, y la mujer de una de sus tres víctimas, Maixabel Lasa, viuda de Juan María Jáuregui, político socialista asesinado en el año 2000. Estamos, por tanto, ante una historia real de mucho calado social, un tema delicado y politizado -el terrorismo y sus víctimas-, llevado a la gran pantalla por una directora de trayectoria contrastada contando con dos de los mejores actores de este país como protagonistas.

El título del film, sin embargo, resulta engañoso. No se nos presenta la historia de Maixabel, ya que esta comparte protagonismo con Ibon, e incluso, con un segundo etarra, Luis (Urko Olazabal). Esta alternancia en el punto de vista del relato, creo yo, está pensada para evitar la subjetividad y para acercarse lo máximo posible a una cierta neutralidad, reflejando las intenciones de la autora.

Lo que nos dice el guión de Bollaín e Isa Campo es que los dos personajes principales, Maixabel e Ibon, tuvieron que sortear dificultades muy similares para, desmarcándose de sus respectivos bandos, encontrarse y buscar una reconciliación, un perdón, un intento de expiación de la culpa y sobre todo, buscando pasar página sobre un hecho trágico.

La película está pulcramente dirigida por Bollaín que, sin alardes, coloca la cámara donde es necesario para contar la historia y, sobre todo, para dejar que sus intérpretes se luzcan. Blanca Portillo y Luis Tosar están magníficos dando vida a estos personajes -como ya he dicho, inspirados en personas reales- y sobresalen sobre todo en dos o tres secuencias de alto voltaje emocional en los que será difícil para el espectador contener las lágrimas. Sin embargo, más allá de la calidad de la dirección, del guión y de las interpretaciones -cuya principal virtud es su rigor- creo que Maixabel se ocupa de un tema muy oportuno, el del perdón.

La película habla de la capacidad de acercarse al otro incluso desde posturas irreconciliables. En los tiempos que corren, en los que asistimos a diario a enfrentamientos encarnizados por una película, la decisión de un árbitro, o el vestido de una modelo, por no hablar de la política, de la vacuna o de la pandemia, esta idea, de que todos somos más o menos iguales, de que todos estamos embarcados en el mismo viaje que acabará siempre de la misma manera y que, por lo tanto, es posible arrepentirse y ser perdonado por absolutamente cualquier pecado, justifica esta obra. Se dice con mucha facilidad que una película es ‘necesaria’, pero quizás en Maixabel ese calificativo sea el más apropiado.