8.0
Score

Final Verdict

Lucid Express entregan un estupendo álbum en el que la influencia de las bandas clásicas del shoegaze y el dream-pop es evidente. Algo que juega a su favor, porque se les da de maravilla recrear esos sonidos.

Dicen que escuchar música, o hacerla, son algunas de las mejores formas de evasión. Algo que saben muy bien los miembros de Lucid Express. La banda de Hong Kong, que a principio de la década pasada tuvo un inicio de carrera de lo más prometedor, volvió a la activad en 2019 casi por necesidad. Las protestas contra la ley de extradición que se estaban viviendo en su región, los llevaron a meterse en local de ensayo y componer nuevas canciones para evadirse de la realidad durante unas horas. Y de ahí salen las canciones del que, tras más de diez años de su formación, componen su álbum de debut. 

Lucid Express tienen muy claro hacia dónde quieren llevar su canciones y no esconden sus influencias. Las grandes bandas del dream-pop y el shoegaze son sus musas, y con sus enseñanzas han construido uno de esos trabajos que hará las delicias de cualquiera de los amantes de esos estilos. Eso sí, también hay que reconocer las labores de producción de Max Bloom, el miembro de los difuntos Yuck, que les ha sacado un sonido excepcional. 

La banda de Hong Kong no le tiene miedo a construir temas que viran más hacia el pop luminoso. Un claro ejemplo es “North Acton”, el tema que abre este trabajo. En él, además de sacar un ritmo un tanto más animado de lo normal, dejan que los teclados suenen brillantes. Y el resultado no puede ser mejor. Pero también es cierto que esa luminosidad se deja ver a lo largo de casi todo el disco. Ahí tenemos ese sintético y estupendo instrumental llamado “No Talk”. O la delicadeza ensoñadora de canciones como “Aquarium” y “Wellwave”. Temas, todos ellos, llenos de cascadas de guitarras brillantes y paisajes de teclados de lo más ensoñadores. 

Al igual que tienen tiempo para irse hacia mundos más pop, también lo tienen para endurecer su sonido dejar rugir las guitarras. Es el caso de “Hotel 65”, que es todo un pepinazo de shoegaze; de la acelerada “Ado”, o de esa “Sore” bañada en guitarras épicas y distorsionadas. Pero quizá, lo mejor de esta faceta, aparezca en “Prime of Pride”. Estamos ante un tema en el que la distorsión se fusiona con los teclados, y en el que no pueden negar que se han fijado en el ‘Loveless’ de My Bloody Valentine. Pero no pasa nada, porque, como ya decíamos más arriba, no esconden sus influencias. Y eso está bien, porque con ellas hacen auténticas maravillas.