Papa was a rolling stone, (my son) / Wherever he laid his hat was his home / and when he died, all he left us was alone…

La última novela que nos trae Sajalín dentro de su imprescindible colección Al margen es puro R-I-T-M-O, lo más parecido a una canción —por supuesto, un temazo— que hayamos reseñado en esta sección de literatura. Imaginad en una línea de bajo que bombea energía, una y otra vez, como un martillo pilón, respaldado por la batería. Es una figura musical simple, apenas tres notas, pero surge de entre las brumas, y el halo de amenaza y violencia te engancha irremisiblemente, como la inmediatez de esta historia criminal. De hecho, no está dispuesto a soltarte durante sus 250 páginas que, como las mejores canciones, van a evaporarse en un suspiro. Una guitarra de blues, los pedales aullando sus wah wah, anunciando la transformación de la tensión latente del relato en un festival de sonidos: aparece el piano eléctrico, cuerdas, palmas, etc, etc, etc. La llegada de la guerra. Estoy pensando en Papa was a rolling stone de los Temptations. Todo músculo narrativo, nada de grasa superflua. Una invitación al baile. Una danza macabra, claro. Eso es Los Reyes del Jaco.

Saludado como un clásico de la llamada literatura hardboiled, —alabado por las luminarias creadoras de The Wire, que lo citan como una influencia capital— su autor, el periodista de investigación Vern E. Smith nos sitúa en el Detroit de principios de los 70, aunque bien podríamos estar hablando de la ciudad de Gotham con sobreabundancia de pantalones acampanados, cadillacs Eldorado, armas de todo tipo y mucha, mucha droga. ¡Ah! Me dejaba que también tenemos exceso de Jokers y ausencia casi total de Batmans. La única ley imperante es la ley del jaco.

Sin tiempo que perder, arrancamos la novela en el velatorio de un traficante de drogas de poca monta que osó socavar la autoridad de Willis McDaniel, el capo criminal de la zona. También es el lugar donde Lennie Jack y Joe el Rojo certifican su ambición de acabar con el reinado de McDaniel, orquestando el robo de uno de sus cargamentos de heroína. Una declaración de guerra. La rebelión de los pretendientes al trono en busca de su ejército. El Rey del hampa enviando a sus perros sedientos de sangre en busca de su presa. Choque frontal. Choque brutal.

Los Reyes del Jaco podría haber sido una novela de género más sino fuera por la extraordinaria capacidad narrativa de Smith. ¿Sus méritos? Armar su historia, nacida gracias a su investigación periodística de la realidad crimen organizado en Estados Unidos, a base de diálogos, reduciendo las descripciones a la mínima expresión, dejando a su pléyade de personajes —la mareante cantidad de nombres, aunque lógica para explicar con verosimilitud la dimensión criminal de la ciudad, es quizás el único punto flaco del libro— la responsabilidad de hacer avanzar la trama, que discurre con pasmosa fluidez ante los ávidos ojos del lector. Convirtiendo la historia en una bomba de relojería.

La vida es terrible en las zonas más depauperadas de Detroit: yonquis, putas, vividores, traficantes, sicarios… Pero Smith en ningún momento carga las tintas. Al contrario, logra que el contraste entre las digamos “excentricidades estéticas” y actitudes chulescas —pura jerga en acción— de la época confluya naturalmente con los momentos más violentos y desgarradores del relato, proporcionando además varios hallazgos en formas de escenas en las que tragedia y surrealismo son las dos caras de la misma moneda. El autor consigue reflejar a la perfección este auténtico submundo, transmitiéndonos la fragilidad de un ecosistema muy particular, sólo mantenido por la fuerza de las armas. Leones disfrazados de corderos y corderos disfrazados de leones… todos tienen el mismo destino final: el matadero. O en palabras de uno de los personajes —”Así van las cosas. Unos ganan, otros pierden. Aunque la mayoría pierde”—.

Así que engalanaos con vuestras mejores vestimentas, las más extravagantes o singulares que tengáis en los armarios y poneos a leer. La literatura es una de las escasas adicciones que no perjudican a la salud y, si la droga es tan pura, de tanta calidad, como Los Reyes del Jaco, los mejores estímulos posibles para vuestro cerebro están asegurados.