Más «rescates» literarios de 2021, ahora con la celebrada y multipremiada Los optimistas, de Rebecca Makkai, publicada por Sexto Piso. Un «novelón» con todas las letras que transcurre entre el Chicago de mediados de los años ochenta y el París contemporáneo. Treinta años para hablarnos de apegos y pérdidas… ¿con posibilidad de redención?. De una edad dorada a una época trágica, de brutal crisis. De un grupo de amigos, extracto de una comunidad entera, devastada por el virus del sida… y sus supervivientes. 

Nacida en Stokie, Illinois, en1978, Rebecca Makkai es docente en la Northwestern School of Professional Studies y el Sierra Nevada College, y directora artística de StoryStudio Chicago. Posee una Maestría en Literatura del Middlebury College y fue profesora Montessori de primaria durante los doce años previos a su debut con la novela The Borrower (2011). Le siguió The Hundred-Year House (2014) y la colección de cuentos Music for Wartime (2015). Pero nada anticipaba el enorme éxito de Los optimistas, aparecido originalmente en 2018. Finalista del Pulitzer y el National Book Award. Medalla Carnegie. Premio LA Times, Stonewall o el Chicago Tribune Heartland. Entre los libros del año del New York Times y la Asociación de Escritores de Chicago. Traducciones en 20 idiomas. Futura serie. Honores del todo merecidos.

Porque Los optimistas, pese a su elegante a la vez que expedita prosa —estupenda labor de Aurora Echevarría en la traducción—, respetable extensión y flemático desarrollo —no confundir con que «no pasa nada», muy al contrario— te atrapa irremisiblemente. Y eso que, de primeras, su armazón narrativo, basado en la alternancia de dos líneas temporales e historias de sus dos protagonistas centrales, puede despistar un poco, o hacer que nos decantemos por una de ellas. Pero pronto reconocemos que los periplos de Yale Tishman, director en una galería de arte en el Chicago de 1985, y de Fiona Marcus, en busca de su desaparecida hija Claire en el París de 2015, son indisociables.   

Y es que Yale y Fiona están unidos por los amigos, la familia, la memoria, el arte, la enfermedad, los cuidados… y la muerte. Rebecca Makkai va envolviendo al lector en un cautivador relato que nos muestra como una camarilla de colegas muy unida, epítome del activo colectivo homosexual en la conocida como «Ciudad del viento», junto a sus compañeros, parientes y aliados heterosexuales, fueron arrasados por el VIH —huelga decir que basada en muy documentados hechos reales—. Y como sus escasos, dañados sobrevivientes, lidiaron con la pérdida… Así como con la inmediatamente posterior carga, brutalmente pesarosa, profundamente paralizante, de ser los custodios de esos recuerdos.     

Makkai asume varios riesgos en Los optimistas. El primero es la introducción de las, digamos, intrahistorias de las pinturas de Nora y las fotografías de Richard. El peligro de ejercer de cuasi spin-offs —sobre todo el de la primera, con su inherente glamour y romanticismo— que distraigan demasiado de los argumentos primordiales. Sin embargo, funcionan brillantemente como audaz juego de espejos entre la mítica «Generación perdida» de los años veinte del siglo pasado y la juventud ochentera vencida por la epidemia del sida. Y como el arte, con casi tres décadas de diferencia, intenta honrar su memoria y rescatarlos del siempre cruel olvido. 

Y el segundo, ya mencionado, es que simplemente una de las narraciones opacase a la otra. Sinceramente, pensaba que la búsqueda francesa de Fiona, algo alambicada e, inicialmente, inconexa —sin destripes, el tema secta descoloca—, palidecía ante los capítulos de Yale, más directos y, pese al obviamente previsible final, sobrecogedores. No obstante, a medida que la primera avanza, el trasfondo tras sus pesquisas devienen la genuina «viga maestra» de la obra. Porque encontrar a Claire quizás sea recuperar a su hermano Nico… y cerrar el círculo. Yale puede ser el personaje más carismático y redondo de Los optimistas —sin olvidar secundarios de enjundia como Asher o Julian, capital en el desenlace—. Pero, sin duda, Fiona es el corazón y alma del libro.  

Nada artificiosa o melodramática en lo sustantivo —solo el hieratismo de Claire me chirría—, Los optimistas resulta convincente en su recreación de la comunidad gay de los ochenta, esa vitalista y reivindicativa atmósfera… a punto de ser dinamitada y estigmatizada. Asimismo, suena a verdad su mirada a la incertidumbre y el miedo de aquella época: el juicio final de los test, la rápida decadencia física, la soledad. Pero, todavía más importante, logra emocionar con sus personajes mientras reflexiona, no sólo sobre la enfermedad y la muerte, sino acerca de lo realmente valioso de la vida: los afectos y vínculos que perduran. Igual que está formidable novela.