Una fruta extraña

Es una pena que la actriz Andra Day, nominada al Oscar, haga un trabajo estupendo dando vida a la cantante de jazz Billie Holiday en una película fallida. La intérprete hace suyo el personaje e incluso se atreve a cantar sus canciones, lo que justifica que escuchemos temas enteros del repertorio de Holiday durante una película de metraje abultado. Un debut cinematográfico absolutamente espectacular, que ya le ha valido a Day el Globo de Oro. Por lo demás, Los Estados Unidos contra Billie Holiday es un desastre.

La película producida y dirigida por Lee DanielsPrecious (2009) y El mayordomo (2013)- es tremendamente irregular, con graves problemas de ritmo narrativo. El material de partida no puede ser más atractivo: una figura legendaria en la música, enfrentada al tremendo racismo de su época, perseguida por el FBI y además, una mujer atormentada por su pasado, víctima de varias adicciones y presa de relaciones tóxicas con hombres que solo buscan aprovecharse de ella. Material dramático de primera, que se  desaprovecha por la incapacidad del guión -basado en un libro periodístico de Johann Hari sobre la guerra contra las drogas, Chasing the Scream (2015)- para centrarse en un aspecto de una historia que sobre todo revela el poder subversivo de la canción Strange Fruit, como protesta contra los terribles linchamientos de negros en Estados Unidos.

Así, la trama de Los Estados Unidos contra Billie Holiday nos habla de racismo, claro, y de la figura trágica de Holiday, pero también de sus problemas con las drogas, con los hombres y con el FBI, sin que con todo ello consigamos profundizar en la psicología de la cantante. Los antecedentes de sus traumas se nos revelan en un plano secuencia que hábilmente introduce flashbacks mezclados con nuevos hechos. Una secuencia brillante que, lamentablemente, no congenia con el resto del film. Hay además una pseudo historia de amor, protagonizada por un agente encubierto (Trevante Rhodes) que habría sido un interesante punto de vista narrativo, pero que acaba siendo una subtrama más. La indignante caza de brujas a la que se ve sometida Holiday tampoco es satisfactoria al carecer de un ‘villano’ potente: Harry Anslinger (Garret Hedlund) parece que va a tener una importancia mayor al principio de la cinta, pero acaba diluyéndose junto a los otros aspectos de la historia.

En definitiva, muchas cosas que contar, estorbándose unas con otras, para acabar acumulándose en una película sin garra.