Los dos papas

La extraña pareja

El brasileño Fernando Meirelles firma en Los dos Papas una película que puede parecer que está en las antípodas de su obra más recordada, Ciudad de Dios (2002). Pero el film, además de mantener ciertos rasgos estilísticos de esa forma scorsesiana de contar de Meirelles -la voz en off, el montaje, el uso del plano secuencia- tiende también con aquella algunas líneas temáticas: el protagonista, aquí el futuro papa Francisco, Jorge Bergoglio, ha logrado ser reconocido por su cercanía con la gente y por su labor en barrios marginados de Buenos Aires, similares a las violentas favelas de la película que hizo famoso a Meirelles. Ese interés por los desfavorecidos es el principal rasgo que esta película otorga a Francisco, al que veremos contrapuesto a Benedicto XVI. Joseph Ratzinger es la iglesia anclada en el dogma, Francisco el progreso y la apertura.

El choque entre estos dos personajes es el conflicto principal de la historia que se vertebra en varias conversaciones entre los dos religiosos, que confrontan sus formas de ver la fe, la iglesia y el mundo. Conversaciones sostenidas por unos diálogos apoyados sobre frases que son eslóganes, eruditas citas religiosas, pero también diálogos mundanos que humanizan poco a poco a los dos personajes. Pero, sobre todo, conversaciones sostenidas por dos actores de sobrada experiencia, y de parecido más que aceptable a sus contrapartidas reales, lo que afortunadamente evita la distracción de un maquillaje aparatoso. Anthony Hopkins y Jonathan Pryce están estupendos y afilados en papeles que se acercan bastante a sus edades reales.

El guión de Anthony McCarten -experto en biopics como La teoría del todoEl instante más oscuro y Bohemian Rhapsody– repasa la trayectoria de los dos hombres, en especial la de Bergoglio y aunque el retrato es sin duda positivo, no se evita abordar las sombras de ambos. Un sano sentido del humor proporciona varias escenas que desmitifican a los dos Papas, de forma irreverente, aunque no irrespetuosa.

Meirelles, su guionista y los dos actores, son todo lo que hace falta para asistir al fascinante encuentro entre dos seres humanos capaces de levantar auténticas pasiones de sus feligreses, dos de los tipos más famosos del planeta. Aunque quizás, no tanto como los Beatles.