8.0
Score

Final Verdict

Nuevo disco de una propuesta que nació ya madura y que sigue dando pasos de una personalidad arrebatadora y música de muchos kilates.

Definición de ir sobrados: que teniendo a Brian Eno a mano, no te haga realmente falta. Conviene que nos expliquemos. El insigne músico y productor expresó su interés por Loma tras escuchar los sugerentes sonidos de su epónimo disco de debut, lo cual acabó derivando en su participación en Homing, el tema que cierra este segundo trabajo que ahora nos ocupa.

No es que sea una pieza prescindible, ni mucho menos, ni que las habilidades “ambient” de Eno estén de más en esta especie de oración hímnica, lo que sucede es que todo lo que suena en el resto del disco -producido e interpretado a solas por el trío- posee un magnetismo y un lirismo de similar magnitud. Se diría que el potencial del trío no sólo ha sido evidente para Eno.

La propia existencia de Loma tiene que ver con ello. Primero, por el entusiasmo que mostró el líder de Shearwater, Jonathan Meiburg, cuando descubrió la música que la pareja formada por Emily Cross y Dan Duszynski realizaban en su banda Cross Record. Esto llevó a Meiburg a invitar a Cross Record como teloneros en una de las giras de Shearwater, y finalmente desembocó en una inevitable colaboración creativa entre los tres, cuyos frutos mostraron la suficiente personalidad como para convertirse en el proyecto hecho y derecho que ahora disfrutamos.

El segundo trabajo de Loma ahonda en algunos de los logros ya establecidos en el debut. La voz de Cross -de vez en cuando armonizada por unos hermosos coros espectrales, que en temas como “Thorn” nos remiten a algunos de los trucos vocales de The XX– sigue siendo la verdadera protagonista mientras margulla en ambientes opresivos, oscuros y al mismo tiempo rematadamente bellos, esta vez con un mayor pulso rítmico en varios temas (sobre todo en la vigorosa “Half Silences”, que con su ritmo motorik nos remite a los temas más marciales de Shearwater, banda madre de Meiburg).

Cuando la cosa se pone muy etérea (“Eliptical Days“), tampoco andan a tanta distancia de una Enya, por ejemplo, pero ese tipo de tentativa mollar convive con auténticos desafíos como los metales disonantes de “Ocotillo“, propios de los Radiohead de “Kid A“, o con el pulso discotequero en medio de la oscuridad de “Given A Sign“, tan en la onda de Poliça, o esa mezcla delirante entre Portishead y Broadcast en “Blue Rainbow“.

Digamos que no se trata del disco adecuado para alegrarnos la vida tras una jornada de agobio pandémico, pero sí de una propuesta que nació ya madura y que sigue dando pasos de una personalidad arrebatadora y música de muchos kilates.