La oportunidad de tu vida

Se hace corto el adictivo documental Locomía -dirigido por Jorge Laplace y disponible en Movistar Plus– que en tan solo tres capítulos cuenta un relato asombroso y deja entrever, apenas, cómo era la España de finales de los 80 y principios de los 90. El primer episodio, para mí sorprendente, desvela el origen de Locomía, cuyas raíces están en Ibiza y en el intento del peculiar Xavier Font de crear su propia tribu urbana. El retrato de este personaje, tan creativo como magnético y manipulador, es el hilo conductor que lleva a conocer a sus acólitos/amantes, y a la creación de la imagen del grupo, con sus abanicos, sus hombreras infinitas y esos trajes que eran de torero y de flamenca, todo en uno. En el trasfondo se queda el escenario de esa Ibiza contracultural de los años 70 y 80, de fiestas, alcohol y drogas, pero también de libertad, sobre todo sexual -recomiendo la lectura del libro Cómo acabar con la contracultura de Jordi Costa que dedica un capítulo a esa Ibiza-.

Podríamos comparar ese primer episodio con una suerte de paraíso, aparentemente naive, en el que irrumpe el protagonista del segundo capítulo, el productor musical José Luis Gil, personaje presentado como un Mefistófeles tentador, que ofrecerá a los miembros del grupo la fama -la inmortalidad- a cambio de su libertad creativa -sus almas- mediante la firma de un contrato -que bien podría haber estado escrito en sangre-.

Locomía es la historia de dos villanos que luchan por tener el control, Xavier Font y Gil, que no parecen tener reparos en sacar todos los trapos sucios del grupo -aunque seguro que hay más- delante de la cámara y que se prestan al teatrillo del culebrón que nos quiere contar este documental que se acerca mucho al reality más malicioso. La lucha entre ambos nos lleva a un tercer capítulo, que viene a ser el descenso a los infiernos del grupo tras rozar las estrellas con la punta de los dedos. Locomía nos muestra lo gratuito que puede ser el éxito y la fama: este grupo fabricado de cantantes que no cantan llegaron a hacer giras internacionales, y eran perseguidos por las fans como si fueran los Beatles; pero también veremos cómo la celebridad puede destrozar las vidas de los que se dejan cegar por las luces del espectáculo. En el documental descubrimos el destino de sus componentes y cómo algunos no han acabado de asimilar el ¿fracaso? de su carrera musical, especialmente el propio Xavier Font.

Por último, está ese tema que los integrantes de Locomía intentaban siempre evitar en las entrevistas, el de su homosexualidad. El documental muestra bien el juego hipócrita que se representaba en España a través de las múltiples apariciones televisivas del grupo: si en las entrevistas nunca se hablaba de homosexualidad, los presentadores de los programas bien que se divertían con los abanicos, por no hablar de lo que pasaba en Latinoamérica, donde las fans soñaban con aventuras románticas con los componentes del grupo, cuando estaba a la vista de todos que no iban a ser precisamente correspondidas. Si artistas como Ricky Martin, Juan Gabriel o Miguel Bosé utilizaron esa ambigüedad para obtener un éxito comercial, resulta hilarante cómo Locomía, de ambiguos, tenían más bien poco. Su imagen era claramente gay, y, aun así, se pasaba por encima de la cuestión todo lo que se podía y en las entrevistas sus componentes hablaban de chicas y novias. Esa gran mentira mediática a la que todos jugamos merecería, por cierto, un documental aparte.