Definitivamente, este es “mi año The Mountain Goats”. Gracias a Beat the Champ, uno de los discos que más me estoy escuchando este año —enganchado me tiene— me encuentro en plena fase de búsqueda y ansiosa devoración de su discografía. Y ahora van nuestros amigos de Contra y nos traen Lobo en la camioneta blanca, primera novela de ficción de John Darnielle, alma absoluta —durante años fue una one man band— del singular grupo norteamericano. Y resulta que el músico de Indiana no sólo escribe canciones apasionantes.

Finalista del National Book Award, Lobo en la camioneta blanca es una obra única que confirma el talento con las palabras de este tipo con aspecto de oficinista o notario —no se puede ser más anti-rock star—, tan capaz de crear un hiper adictivo disco sobre wrestling como una asombrosa novela, con multitud de aristas puntiagudas y amenazadoras, que a la vez funcionan como los pistones de un engranaje desazonador que, sin embargo, no quieres —no puedes— dejar de leer. Es un relato misterioso, inquietante. Es enfermizo y asusta. Es frágil y esquivo. Es conmovedor y poderoso. Todo eso en poco más de 200 páginas.

Formalmente, Lobo en la camioneta blanca es la quintaesencia de la trama psicológica. Narrador y protagonista, el lector es invitado a explorar la mente de Sean Phillips, una persona condenada a una existencia deprimente, prácticamente enclaustrado en casa debido a un terrible ¿accidente? por el que se desfiguró el rostro a los diecisiete años. Todo el tiempo del mundo para centrarse en la Ciudadela Italiana, el enrevesado juego de rol por correspondencia diseñado por él, también su escaso y extremadamente particular reducto de interacción con el exterior.

Darnielle crea un sobrecogedor mecanismo de dualidades, de terroríficos espejos. La Ciudadela Italiana imagina un mundo devastado por una explosión nuclear cuyo objetivo es hallar la impenetrable fortaleza, único lugar donde los participantes podrán salvarse, interactuando en esa realidad paralela según las decisiones que toman en base a las opciones, órdenes y encrucijadas que Phillips va enviándoles puntualmente. Mientras, el día a día de Phillips discurre entre los dolores y el ensordecedor ruido que asola su cabeza y la tensión, siempre a punto de desbordarse, con unos padres superados por los acontecimientos y el comportamiento de su hijo, a quien ni por asomo pueden entender. Y para añadir más sal a la herida, dos de los más avanzados seguidores de la Ciudadela, Carrie y Lance, han cruzado la escabrosa línea que va del pasatiempo/divertimento a exponer sus vidas con el juego rol, con dramáticos resultados.

Pero Lobo en la camioneta blanca también es un escalofriante muestrario de sensaciones. Todas desoladoras. Darnielle reconstruye el trágico devenir de Phillips con mano maestra y suma atención en los detalles, desarrollando uno de los retratos más descarnados y potentes del freak que servidor haya leído —como decía, apenas estoy empezando a sumergirme en la discografía de The Mountain Goats, ¿pero Transcendental Youth no tiene un aroma familiar a la novela?— , en las antípodas tanto del victimismo como del héroe imposible, convirtiendo a Conan, portadas de películas, discos y cintas de olvidados grupos metaleros en grotescos compañeros de viaje a la oscuridad. La culpa —a veces hacemos las cosas sólo para experimentar lo mal que nos hace sentir— y el autoengaño, el hospital, los breves pasajes de su juventud “al margen”, la inconsistencia de sus padres, una mente audaz pero con peligrosa tendencia al escapismo… Todas las piezas de un puzzle de difícil encaje y pasmosa resolución que —por supuesto, no vamos a revelar— invita a la conjetura, segundas lecturas y contraposición de opiniones. Lobo en la camioneta blanca es algo que no puedes comprender del todo… y quizás sea lo mejor. Tinieblas, por fin. Menudo debut literario.