We Don’t Need Another Hero

Lightyear nace de la secuencia, a modo de prólogo, que abría la estupenda Toy Story 2 (1999), en la que se nos mostraba una aventura protagonizada por Buzz Lightyear (Tim Allen) en la ficticia serie o película que dio origen al -también ficticio- juguete -aunque la excusa, en este caso, fuera un videojuego-. Esa secuencia, repleta de acción y de ingenio visual, acumulaba en unos pocos minutos referencias a clásicos del cine de ciencia ficción -especialmente a 2001: Una odisea del espacio (1968) y a Star Wars (1977)- y dejaba un estupendo sabor de boca. 23 años después, ese concepto se expande en el largometraje que nos ocupa, mostrándonos, de una forma algo forzada, también es verdad, cómo era esa supuesta película que dio pie al merchandising infantil que produjo el muñeco con el que Andy jugaría en Toy Story (1995).

En realidad, estamos ante una sorprendente aventura de ciencia ficción, de animación impecable como todo lo que hace Pixar, que se aprovecha del tirón que sigue teniendo el personaje en el público infantil. Lightyear es una simpática cinta de guión eficiente, que no da respiro y que pasa de una idea a la siguiente con asombrosa facilidad y cuyas verdaderas intenciones no se revelan hasta el final de la trama. Aquí, Buzz Lightyear (Chris Evans) no es un juguete, sino un aventurero espacial que comanda una misión interplanetaria que sale mal. La misión del héroe será salvar a los tripulantes de la nave espacial que comanda -suficientes para fundar una nueva colonia- y volver a casa. Hasta aquí puede parecer que nos encontramos ante una película derivativa que busca el puro entretenimiento. Pero pronto la trama se revela más compleja que eso: a las batallas espaciales, los extraterrestres y los robots se añaden las paradojas espacio-temporales que consiguen que la historia sea sorprendente, más interesante y también más oscura.

Con secuencias espectaculares y mucho humor, Lightyear es un gran resumen de imágenes y motivos del cine de ciencia ficción: desde El planeta de los simios (1968) hasta Interstellar (2014) con ideas complejas y una secuencia impecable que convierte en sci-fi el prólogo de Up (2009). Debajo de un producto tan entretenido como vistoso, se esconde un discurso sobre el heroísmo: igual que en la primera Toy Story, Buzz Lightyear tendrá que aprender que su impostado heroísmo de serial cinematográfico es menos importante que el bienestar de sus amigos -es decir, del grupo, de la comunidad-. Cuando muchos critican que el predominante cine de superhéroes nos infantiliza haciéndonos soñar con soluciones mágicas a los problemas del mundo, Disney -recordemos, los dueños de Marvel Studios- nos dicen aquí que no existen los milagros y que la sociedad debe unirse para evitar el apocalipsis, o quizás, para acostumbrarse a este. Porque este planeta es el único que hay y no necesitamos otro héroe.