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“Una Casa de Tierra”, Woody Guthrie (Anagrama, 2014)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Aunque hubiera sido un divertimento intrascendente o, incluso una obra fallida, perfectamente olvidable, el hallazgo, recuperación y publicación de Una casa de tierra, que llega a nuestro país de la mano de Anagrama, seguiría siendo un acontecimiento en toda regla. ¡Una novela inédita —la única que escribió, de hecho— de Woody Guthrie! La leyenda folk, el responsable de disparar “la máquina de matar fascistas”, su guitarra. Un icono indisociable al paisaje y la tradición cultural de los Estados Unidos. O al menos de una manera de entender los Estados Unidos. Y la solidaridad humana.

Pero es que Una Casa de Tierra es una novela poderosa. Un torbellino de rebosante fuerza, pasión, sexo y rabia. Una “dust bowl ballad” en toda regla, en la que los Hamlin, un matrimonio formado por Tike y Ella May, malvive en una ruinosa chabola de madera en las áridas tierras de una granja del norte de Texas mientras sueñan con una vida mejor. Una hermana pequeña, por extensión e intimidad doméstica, de Las Uvas de la Ira. Una historia mínima de la miseria tras la Gran Depresión que, sin embargo, alberga una atemporal diatriba contra la corrupción. Y una impresionante elegía de la dignidad de una clase social aplastada, pero aún en pie. El relato data de 1947, pero este escalofriante fragmento podría ser de hoy. De aquí. De ahora:

¿Por qué tiene que haber algo siempre que te deja fuera de combate? ¿Por qué está este país lleno de cosas que tú no consigues ver, de cosas que pueden contigo, que te vencen, que te tumban, que matan todas tus esperanzas? ¿Por qué en cuanto yo tengo la esperanza de algo, de esto o lo otro, cosas muy pequeñas, hay una especie de pillaje que siempre siempre me la arrebata? No voy a dejar que me vuelvan a tratar así más, ni un minuto más…. ¿Por qué no podemos trabajar dejando que los demás trabajen? ¡Todos contra todos!

Como si fuera un canción desarrollada en cuatro estrofas, vemos como las penurias de Tike y Ella May son combatidas con su complicidad como pareja, con sus juegos dialécticos y sexuales —más impulsivo y volátil él, más analítica y reflexiva ella—, narrados por Guthrie con sorprendente franqueza y naturalidad, así como el anhelo de poder construirse una casa de adobe, que pueda combatir el clima hostil. Pero la tierra no es suya. La propiedad de su maltrecha e irremisiblemente estéril granja es su yugo y condena. El folleto del Departamento de Agricultura del gobierno enseñando cómo edificar una sencilla pero resistente vivienda con las propias manos es solo una hermosa propaganda. Y un niño está en camino.

Pese a algunas reiteraciones de estilo, algo comprensible dado que es un texto rescatado y, a tenor de la introducción de Douglas Brinkley y Johnny Depp —algún día espero entender como alguien involucrado en proyectos relacionados con Kerouac, Hunter S. Thompson, ahora Guthrie, ha acabado siendo un actor tan horripilante— apenas pulido, y las limitaciones propias de una historia con apenas tres personajes y un mismo escenario, Una Casa de Tierra es una obra magna. El desolador paisaje tejano y la asfixiante casa adquieren vida propia en manos del de Oklahoma. Tike, Ella May y Blanche no son creaciones maniqueas al servicio del “mensaje” que el autor quiere plasmar, sino personajes ricos, complejos y contradictorios —sus terrenales pasiones y su fragilidad frente a su titánica lucha—. Y, sobre todo, el ojo clínico de Guthrie al señalar, acusar, la falta de libertad del ser humano, del trabajador, sujeto a bancos y en este caso particular, agrupaciones —protoholdings- de rancheros. El hombre sometido a un sistema terroríficamente injusto. Terriblemente cruel. Desgraciadamente para Woody, su visión no solo era real entonces, sino también profética. Leed el siguiente, lapidario fragmento y decidme que no os resulta familiar…

“-Sí. Hicimos que robaran. Centavo a centavo… No queríamos dinero, así que no lo robábamos, y los mimamos, y les dimos cariño, y les seguimos la corriente. Les dejamos que nos robaran. Sabíamos cuando estaban despojándonos hasta el último centavo. Lo sabíamos, Sabíamos cuando estaban subiendo los precios. Sabíamos cuando estaban bajando los precios de nuestro trabajo. Lo sabíamos. Sabíamos que nos estaban robando…”

Necesitamos unos cuantos Woodys urgentemente. Como respirar. Sí, hablo de arte comprometido y que no mire hacia otro lado.

Nobody living can ever stop me,
As I go walking that freedom highway;
Nobody living can ever make me turn back
This land was made for you and me.

Woody Guthrie, This Land Is Your Land

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