Publicidad

Cómo se hizo Donald Trump, David Cay Johnston (Capitán Swing, 2017)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Era inevitable que en la sección de lecturas de Indienauta nos las tuviéramos que ver con el fasc…, perdón, con el cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos. Así que nos hemos puesto en las sabias manos de Capitán Swing y su flamante novedad Cómo se hizo Donald Trump, del periodista de investigación ganador del Pulitzer David Cay Johnston. Y sí, todo lo malo que uno sabía, sospechaba o esperaba confirmación —si queréis hablamos de sus primeras executive orders, porque sólo le falta dejarse cierto tipo de bigotito y adquirir un muy reconocible tic alzando el brazo derecho— acerca del nuevo inquilino del despacho oval. Miedo y asco, mucho asco, en la Casa Blanca.   

Johnston, especialista en temas fiscales, comenzó a seguir la figura del magnate en los años ochenta desde las páginas del Philadelphia Inquirer, siendo su corresponsal en Atlantic City, donde Trump se hacía un hueco en el singular mundo de los casinos. Cómo se hizo… es la exposición, concatenada, de tres décadas detrás del personaje que más páginas y titulares ha ocupado en el pasado año —y lo que nos queda—, recopilando datos, realizando entrevistas, en definitiva recabando todo tipo de información sobre sus orígenes, formación, negocios… Y aunque su lado más personal queda afortunadamente en un plano secundario, —a excepción del capítulo dieciocho, donde queda retratada una de las facetas más patéticas de Trump, lo que ya es decir, a costa de Carla Bruni— el completo, pormenorizado retrato que este libro ofrece acerca del nuevo «líder del mundo libre» no podría ser más descorazonador…  

Muy brevemente: aquí encontraréis vínculos familiares con el Ku Klux Klan, estrecha colaboración con la mafia, respaldo a narcotraficantes, sobornos, negocios turbios, estafas palmarias, fraude fiscal, revanchismo —el nauseabundo capítulo cuarto— y matonismo, mentiras patológicas, de toda índole, racismo & machismo, narcisismo sin parangón… Con que una tercera parte de lo que cuenta Johnston en el libro sea cierto —y la documentación ofrecida por el periodista es bastante más convincente que los balbuceos y reiterados «no me acuerdo» de Donald ante medios y jueces— la conclusión es simple. Trump debería estar en la cárcel. Hace ya mucho tiempo.

Si la suma de «delitos y faltas» es tan ominosa, ¿cómo es posible que Donald Trump se haya ido siempre «de rositas»? Es más, si las chapuzas, malas artes y fracasos empresariales —construcciones que nunca se hacen, universidades que no existen— son tan flagrantes ¿cómo puede ser que, al menos para una parte de la población, Trump encarne la idea, puro arquetipo americano, del exitoso self-made man? Diablos ¿cómo puede llegar semejante indeseable a presidente de los Estados Unidos? Johnston, siempre ágil aunque su prosa no sea particularmente memorable —a excepción del tremendo capítulo veintitrés, puro periodismo narrativo que bien podría haber firmado Gay Talese sobre el millonario jugador Akio Kashiwagi poniendo en un brete al casino del Trump Plaza Hotel—, no establece análisis sobre comportamiento de votantes, pero, a través del desarrollo y resolución de los casos que va sacando a la luz, pertinentes per se, muestra igualmente un relato subyacente, a veces evidente, otras sólo insinuado, que considero todavía más relevante. La de la connivencia del sistema y la bochornosa mirada hacia otro lado de autoridades y —la mayoría— de medios de comunicación. Poderosos tapándose las vergüenzas.

En Cómo se hizo Donald Trump leemos que su padre Friedrich amasó la fortuna familiar a base de, en términos cosméticamente modernos y apenas eufemísticos —¡qué va!— una contabilidad desbordantemente «creativa», una emprendeduría «sin límites» y una ausencia de legislación preocupante. Y con el imperio cimentado, el heredero Donald se convirtió en alguien lo suficientemente poderoso como para que los constantes encontronazos con la ley se fuesen saldando en discretos acuerdos económico-políticos, del tipo «tú te olvidas de mis despistes en mi declaración de hacienda o mis diferencias de criterio en la contratación de mis operarios de la construcción y yo financio tú campaña a la alcaldía o gobernador». Hay que ver lo bonito y solidario que es el liberalismo… sobre todo cuando tú puedes cumplir la ley de forma «alternativa» o amenazar con pleitos interminables —otro patrón de conducta— a quien ose toserte, ¿verdad?

Luego está el papel de los medios. Aunque George Bush II también era lamentable, nunca nadie con tan pocas habilidades comunicativas, una oratoria tan pésima y unos argumentos tan ridículos como Donald Trump había ocupado tanto espacio mediático —si exceptuamos a nuestro Jesús Gil, que tuvo programa de televisión propio y todo—. Pero Trump ganó la batalla mediática por abrumadora goleada. Cada metedura de pata, cada salida de tono, cada estupidez era proyectada, amplificada, a veces reída o ridiculizada, otras defendida y, en la mayoría de casos «normalizada». Tras leer el libro de Johnston, uno tiene la certeza que ese tratamiento mediático «especial» viene de lejos. Y que, desgraciadamente, es precisamente en una época como la nuestra en que un tipo como Trump puede ganar unas elecciones. Si una sandez, un «hecho alternativo» o una bravuconada de matón de patio de colegio encapsulada en ciento cuarenta caracteres tiene validez como argumento político, entonces estamos perdidos. ¿Hay salida? Sin duda. Creo que, en realidad, la receta para escapar de esta espiral sin límite hacia el absurdo sigue siendo la misma. Informarse, buscar y dar valor a los hechos y empezar a asumir responsabilidades políticas como ciudadano —algo que ya estamos viendo ponerse en marcha en Estados Unidos—. Cómo se hizo Donald Trump proporciona el material para cumplir con el primer paso. Y sólo se me ocurre una palabra más para acabar esta reseña. Impeachment.

To Top