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“Mujeres y Música. 144 Discos Más que Avalan esta Relación”, Toni Castarnado (66 rpm Edicions, 2013)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Quizá fue el título lo que me puso a la defensiva. ¿Avalar? ¿Qué hay que avalar? Las mujeres son a la música igual que el aire para respirar. Pero rápidamente pensé que el verbo elegido seguramente fuera una manera de enmascarar otra palabra más guerrillera: reivindicar.

El prólogo de Christina Rosenvinge parecía darme la razón. En apenas dos páginas, la artista madrileña, una figura que supo reinventarse en su momento hasta convertirse en referencia obligada dentro de la música que se hace en nuestro país, desmenuza, desde dentro, como el doble rasero aún existe dentro de la industria y, con sutileza, dentro de la sociedad. Solo hay que ver y/o escuchar los artistas y canciones que copan las listas de éxitos: la música adopta los mismos prejuicios machistas que padecemos. El comienzo del libro es brillante.

Pero la realidad es que el trabajo del periodista musical Toni Castarnado, publicado por 66 rpm Edicions, y que complementa un primer volumen publicado en 2011 dedicado a las solistas femeninas, va por otros derroteros. No hay vindicación o intento de establecer un análisis de esa relación “de género” en la historia de la música. Lástima.

En cambio, lo que hay, que no es poco, es una ecléctica selección de referencias de bandas de todas las épocas y –casi- todos los estilos donde las composiciones, interpretación vocal o instrumental tienen un marcado sabor femenino. En definitiva, se trata de una lista. Y como todas las listas, tiene sus puntos fuertes y débiles.

Empecemos por los puntos fuertes. El primero y más evidente, destacando sobremanera, es lo bien que escribe Castarnado. Solo necesita una página para resumir la historia de cada conjunto y su evolución, así como el disco que ha querido resaltar y las canciones que lo componen –escoge solo un trabajo por banda- y  sus motivaciones para dicha elección. El ejercicio de concisión es tremendo, pero aún más meritorio es que en un espacio tan reducido, apenas una pincelada, además logre transmitir una pasión genuina. La honestidad de quién se ha entusiasmado con lo que escucha. Me encantaría leerle tratando a fondo algunas de las bandas aquí recogidas.

El segundo es la lista en sí misma. 144 referencias son una cifra notable, y Castanardo intenta abrir su selección a cualquier estilo -a mi me falta indiepop y shoegaze-, sin desmerecer a los grupos que no alcanzaron una mayor popularidad frente a los “superventas”. Así, en Mujeres y Música caben tanto Tulsa como Abba, tanto los ubicuos –si se me permite, cansinos- Fleetwood Mac como las siempre reivindicables Vainica Doble. La riqueza y diversidad del compendio realza el conjunto e invita a indagar sobre muchas de las propuestas recogidas, a fin de cuentas la mejor prueba del interés del libro.

Sin embargo, y entramos en los puntos débiles, tanta variedad a veces acaba pareciendo que no hay un hilo conductor sólido en la confección de la lista, que el criterio es quizá, demasiado arbitrario o personal. Sobre todo cuando uno se pregunta por qué se incluyen algunos nombres en vez de algunas de las ausencias. Seamos claros -estos serían mis “faltis”-: ¿las Spice Girls sí pero Amelia Fletcher no? ¿incluímos a En Vogue o Nashville Pussy pero no a Rose Melberg o Bilinda Butcher? ¿Tampoco hay sitio para Katrina Mitchell, Tracy Cattell, Rachel Goswell o Frances Mckee? Y por favor, ¿dónde está Irantzu Valencia?  Evidentemente, este último comentario negativo debe entrecomillarse. Las listas siempre van a ser incompletas o, mirándolo por el lado positivo, siempre van a quedar abiertas a ser ampliadas y debatidas.  ¡Y qué divertidos son estos debates!

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