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Leyendas de otoño, Jim Harrison (Errata Naturae, 2019)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Afortunadamente, las «cuentas literarias pendientes» no se acaban nunca. Pero hoy servidor tacha un nombre anotado desde tiempos inmemoriales de la siempre creciente lista —y que dure—. Se trata de Jim Harrison, considerado uno de los grandes narradores norteamericanos, de quien Errata Naturae recupera su obra más celebrada —cuya popularidad fue amplificada por el cine—, Leyendas de otoño, en una preciosa edición conmemorativa con ocasión del cuarenta aniversario de su publicación original. Tres novelas breves cuyas «constantes» narrativas vitales giran en torno al deseo, la revancha y la zozobra emocional, enmarcadas en entornos salvajes.

Nacido en Grayling, Michigan, en 1937, y fallecido en Patagonia, Arizona, en 2016, Jim Harrison fue escritor, poeta —además de docto lector de poesía española—, viajero, cazador, pescador y bon vivant en general. Autodidacta y bohemio y desde edad muy temprana, ejerció como profesor en Michigan State antes de marcharse en busca del espíritu de Rimbaud a Nueva York, así como de una carrera como guionista en Hollywood. Prolífico y polifacético, Harrison escribió una veintena de novelas, catorce poemarios, así como varios ensayos y dos memorias, traducidas a más de una treintena de idiomas —del castellano se encarga Luis Alvear—  con referencias tan relevantes como Dalva o Sundog, o este Leyendas de otoño, archiconocido gracias a Leyendas de pasión, su adaptación cinematográfica —tranquilos que el libro es infinitamente mejor que esa ñoñada—. Una ingente obra sobre la relación del ser humano con la naturaleza, habitualmente salvaje, con un pie en la América fundacional, la de la frontera, el legado indio, los vastos espacios vacíos y el medio rural, y otro en las pulsiones y cuitas más terrenales, encargadas de «mover el mundo».    

Nada mejor para ejemplificar esos instintos primarios y ese paisaje tan característico que la primera de las historias de Leyendas de otoño, escueta y diáfanamente titulada «Venganza». El relato es un arquetipo en sí mismo, en el que la atracción/enamoramiento irremediable de nuestro protagonista respecto a la mujer equivocada, esposa de un peligroso amigo, líder de un cártel mexicano, conlleva brutales consecuencias. Contiene todos los ingredientes para ser un topicazo —hay incluso poemas de Lorca—, a la altura de aquel pestiño de película homónima —puro horror noventero— con Anthony Quinn y Kevin Costner en los papeles antagonistas. Pero, a diferencia del director Tony Scott, Jim Harrison supo transformar lo predecible en avasallador, permitiéndonos ver la confrontación de Cochran, Mireya y Tibey a través de los tres vértices del triángulo amoroso, desatando una fuerza narrativa incontenible, para que el leitmotiv del deseo nos guíe a través de un periplo de violencia, perdiciones, lugares extremos en un México canicular e indómito, y… personas irreversiblemente dañadas —gran final—. Magistral.   

Desgraciadamente, la segunda de las nouvelles de Leyendas de otoño, «El hombre que olvidó su nombre», no está a la altura, siendo sin duda la más prescindible del trío. De nuevo Harrison construye un personaje, sobre el papel, muy potente, un tipo que ha hecho fortuna y, en teoría lo tiene todo —inteligencia, familia, posesiones, futuro—, sobre el que construir una narración acerca de la aparentemente inexplicable comezón interna que lleva a querer abandonarlo todo… y lo difícil que eso resulta. El problema, a mi juicio, es el tufo exageradamente opulento-burgués que el texto emana, a veces con una interminable colección de pequeñas nimiedades —accesorios, comidas, ropajes— con el que demostrar ese ennui tan «problemas ya no del primer mundo», sino del recalcitrante 1%. Simplemente, me resulta imposible interesarme por el devenir de Nordstrom y su aburrimiento de tipo rico. Ni siquiera el intrigante, brusco, giro final —de nuevo, la realización de los deseos, asociados a la violencia— logra salvarlo.

En cambio, la última de las historias, encargada de titular el volumen y convertir a su autor en inmortal, no tiene desperdicio. «Leyendas de otoño» es un apasionante tour de force universal surgido desde ese imborrable rancho familiar de Montana. Una novela breve de aventuras que tiene absolutamente de todo: la Gran Guerra, muerte y desolación, periplos viajeros repletos de riesgos y descubrimientos, el fatalismo del destino y personajes míticos —especialmente Tristan y One Stab—. No temáis, porque apenas nada tiene que ver con la insoportable blandura épico-romántica de la versión para la gran pantalla de Edward Zwick, con Brad Pitt y Anthony Hopkins en los papeles centrales de Tristan y el coronel Ludlow. El lado oscuro de su visceral protagonista, sempiternamente inabordable y rebelde, junto a la ferocidad de los acontecimientos vividos, dotan al relato de una dimensión muy distinta, plena de matices, a la tan trillada del heroísmo en blanco y negro. Magnífica historia y perfecto corolario del libro, muestra irrefutable de la envergadura de su autor. Dos de tres, pero vaya dos.

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