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La canción de la bolsa para el mareo, Nick Cave (Sexto Piso, 2015)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

La inspiración aparece cuando menos te lo esperas. A Nick Cave a veces le llega cuando se sube a un avión y a falta de un portátil, un móvil o, bueno, una libreta —que complicada es la vida del artista indie, aunque seas de la “élite alternativa”—, se pone a escribir “sus iluminaciones” en bolsas para el mareo. Ese es el punto de partida de esta rareza en forma de libro que nos trae Sexto Piso. Fans del Cuervo, estáis de enhorabuena.

En realidad, La canción de la bolsa para el mareo es una original excusa para documentar la última gira por Estados Unidos y Canadá de Nick Cave junto a los Bad Seeds. Parece que el larguirucho músico australiano recurrió a tan peculiar bloc de notas —incluidas en el libro, un magnífico y necesario testimonio gráfico/visual— en junio de 2014, en el transcurso de un vuelo de Nashville a Tennesse, para anotar sus impulsivas ideas para una canción. Ahí comenzó una aventura literaria de lo más curiosa, construyendo una obra difícil de clasificar, entre el relato lírico sincopado, la poesía inflamada, la ensoñación turbada y las reflexiones desgarradas.

Veintidós capítulos, uno para cada ciudad por la que transcurrió la gira en los que Cave se explaya, a su manera retorcida, ahora apocalíptica, luego elegíaca, más tarde diáfanamente realista, sobre la inspiración del artista, las relaciones humanas y el devenir de la existencia. No es exactamente un libro confesional o autobiográfico y, sin embargo, el líder de los Bad Seeds y Grinderman exhuma algún que otro cadáver de su mochila y lidia con varios de sus miedos. Tampoco es un libro sobre su música y, no obstante, estamos ante un fresco impresionista sobre el artista creando su arte, con espacio también para hablar y homenajear a sus mitos —Cash, Elvis claro, Hank Willians, Patti Smith, Auden o Emily Dickinson entre otros, deambulan entre sus soliloquios y tribulaciones—. Nick Cave, el hombre curtido en mil batallas pero sumido en otras tantas por batallar, junto a Nick Cave, el reputado pero aún inseguro compositor de canciones.

Mucho menos denso que Y el asno vio al ángel (Pre-Textos, 2005), su espesa primera obra literaria, y también más convincente que el algo maniqueo y previsible La muerte de Bunny Munro (Papel de Liar, 2009), La canción para la bolsa del mareo es un viaje físico y emocional que, con frecuencia, cae en la exposición de un universo demasiado impenetrable, con el que es complicado empatizar o por el que interesarse realmente más allá de los ocasionales hallazgos meramente formales. A fin de cuentas son sus musas —nueve nada menos—, no las nuestras. Por fortuna, y por contraste, también hay lugares y emociones reales, por ejemplo, al mostrar al músico sufriendo los ataques de la soledad propia de una vida entre hoteles, autocares y aviones, y la añoranza de su anhelado hogar —esposa e hijos por delante de todo—.

¿Existiría este libro si su autor no se llamara Nick Cave? Lo dudo muchísimo. En cualquier caso, sus seguidores se van a encontrar aquí a su ídolo en estado puro, por lo que a buen seguro lo disfrutarán. Y para los menos incondicionales, aquí tenemos una versión más accesible y ligera que sus anteriores incursiones literarias, lo que convierte a La canción de la bolsa para el mareo en la mejor opción para adentrarse en el singular universo de Nick Cave.

 

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