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Especial pandilleros

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

O bandas armadas. Violencia callejera. Clicas. Pistoleros. Sicarios. Grupos paramilitares… Escoged el título que prefiráis u os parezca más adecuado. A veces son las propias lecturas las que deciden «agruparse» sibilinamente, presentándose conjuntamente, uniendo sus diferentes realidades, diversos enfoques y aproximaciones literarias, que van desde la ficción pura hasta la más obstinada labor periodística pasando por la ficcionalización de hechos reales para, retratar un mismo fenómeno —siempre salvando las distancias—, proporcionando al lector un vastísimo panorama, aterrador pero sin duda apasionante. Gracias a Literatura Random House, Malpaso, Seix Barral y Libros del K.O. por su colaboración y, sobre todo, por haber publicado estas cuatro obras. Bienvenidos al verdadero corazón de las tinieblas, que no se encuentra en un río africano todavía sin colonizar, sino en las malas calles de Nueva York, en los maltrechos barrios de Kingston, en los intestinos de una metrópolis fuera de control como Los Ángeles, o en un desastre humano llamado Tegucigalpa. Respirad hondo y sed valientes. Vamos allá.

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The Wanderers. Las Pandillas del Bronx, Richard Price (Literatura Random House, 2013)

Arrancamos con ficción pura, pese a que en manos de este autor uno siempre tiene la sensación que la literatura «suena a verdad». Yo ya dije que este era mi «año Richard Price» y, aunque debo avisar desde el principio que estamos muy lejos de la excelencia literaria de Los impunes y La vida fácil, anteriormente reseñados en Indienauta, The Wanderers también cuenta con motivos más que sobrados para aconsejar su lectura. Su primera novela, escrita en 1974 cuando Price era un joven veinteañero, y famosa por su adaptación al cine —película de culto dirigida por Philip Kaufman—, nos lleva, como es marca de la casa, a «su Bronx» asolado por la pobreza y la falta de futuro y, a principios de los 60, dominado por las tribus urbanas y sus constantes episodios violentos. Distrito apache, guerra en las calles…

… Y tortuosos dramas familiares dentro de las casas. Y es que la visceral pandilla de adolescentes de origen italiano parece abocarse a la delincuencia y el «camorrismo» más por la necesidad de salir de sus hogares irrespirables y dar rienda suelta a su rabia, mezclada confusamente con sus revolucionadas hormonas —el sexo agobia y exalta— y una lealtad al grupo regada de alcohol y cazurra hombría, que no puede ocultar el verdadero anhelo de formar parte de una familia. Son proyectos de adultos torcidos.

Es cierto que a Price se le nota demasiado su mano todavía inexperta en el superficial trazo psicológico de sus personajes, prácticamente intercambiables, o en su falta de ambición para enseñarnos algo más de las pandillas rivales, apenas apuntadas como el enemigo a derrotar. Pero, apuntalada por su característica habilidad con los diálogos, punzantes y directos, The Wanderers se disfruta como lectura ligera y con gran pulso narrativo que además, a partir del microcosmos pandillero protagonista, sirve como certero retrato de una juventud en permanente conflicto con lo que le rodea, incapaz de articular una respuesta distinta a la brutalidad. Los primerizos y prometedores pasos de un autor indispensable.

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Breve historia de siete asesinatos, Marlon James (Malpaso, 2016)
Me imagino a Marlon James febril, poseído, flirteando con el delirio, riéndose a carcajadas, atronadoras y terroríficas para los que le rodeaban, pero también sufriendo lo indecible mientras el manuscrito de su obra iba cogiendo forma, músculo, casi me atrevo a decir que vida propia. Ganadora del Premio Booker de 2015, Breve historia de siete asesinatos desborda los límites convencionales de una novela. Es una epopeya, una hipérbole de incontenible potencia y audacia sobre Jamaica. No, es más que eso. Es la creación, en pleno siglo XXI, de una mitología acerca del país caribeño, construida a partir de su mayor celebridad, Bob Marley, aquí innombrable cuál deidad y conocido por todos como «el Cantante».

Marlon James juega con el lector. A todos los niveles. Fabula a partir de una época y realidad desesperante y extrema. Bascula entre la tragedia más insoportable con sardónica mordacidad. Edifica su novela en base a una estructura fragmentada, que se retuerce y se expande durante tres décadas, desde los antecedentes al intento —hecho real— de asesinato del icono universal del reggae en diciembre de 1976, fecha previa al concierto por la paz Smile Jamaica y a unas elecciones fundamentales para la isla, hasta comienzos de los 90, con las bandas jamaicanas reubicadas en Estados Unidos y dedicadas al tráfico de drogas.

Con dichos elementos, nos narra una historia sumamente compleja, en la que se mezclan la «más baja y alta política» mediante múltiples voces. Por Breve historia… desfilan los pistoleros que perpetraron el homicidio frustrado del legendario artista, sicarios de los principales partidos de Jamaica, el JNP y el PNP —es bien sabido que ambos armaron y se apoyaron en las pandillas para controlar el país—, los Rolling Stones —incluido el camello de Keith Richards—, directores de documentales y periodistas musicales, agentes de la CIA, asesinos profesionales a sueldo del Cartel de Medellín… Aquí hasta los muertos —muchos más que siete—, hablan. James nos invita a adentrarnos en esta isla en permanente ebullición a través del lenguaje, mejor dicho lenguajes, con pasajes en patois o inglés criollo, dialectos varios y jerga a mansalva, recreando el hervidero cultural, social y político del lugar. Soy incapaz de imaginarme la titánica labor de traducción, doble, de Javier Calvo y Wendy Guerra para trasladar semejante cantidad de registros al castellano. Su decisión de «caribeñizar» el castellano puede ser discutible, pero sin duda han logrado que las casi 800 páginas se devoren con fluidez.

Como suele suceder con las obras corales, no todos los personajes mantienen el mismo nivel de interés. En mi caso el principal problema lo he encontrado con Kim Clarke/Dorcas Palmer, cuyo tremebundo periplo emocional, aunque significativo —proporciona una muy necesaria perspectiva femenina, la única de hecho, a la novela—, creo que coquetea con el sentimentalismo o, al menos, se sitúa en un tono muy distinto al de otros personajes centrales, como el sanguinario Josey Wales, Papa-Lo, o Tristan Phillips —brillantes las conversaciones en la cárcel con Alex Piece—, de una entidad descomunal. En cualquier caso, está lejos de emborronar una novela mayúscula, de gran alcance, exigente para el lector debido a su extensión y poliédrico desarrollo, pero pantagruélicamente satisfactoria.

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Seis días, Ryan Gattis, (Seix Barral, 2016)
Pasamos a la ficción más trepidante basada en hechos reales. Unos hechos que, por desgracia y oprobio de quien presume de ser la «nación de las libertades», se repiten de forma cíclica. Más de 10.000 detenciones y 2.000 heridos. 11.000 incendios, saqueos a discreción y 1.000 millones de dólares en pérdidas materiales. Y, por encima de todo, al menos 60 muertos. Seis días recrea los disturbios que asolaron Los Ángeles en abril de 1992 tras el inconcebible fallo del jurado —bochornosa absolución de los policías— en el caso Rodney King. Ya ha llovido desde entonces, diréis. Recordad que los sucesos de Ferguson, Missouri son de 2014. Y no son los más recientes…

El joven escritor y profesor Ryan Gattis pasó dos años y medio documentándose y entrevistándose con bomberos, enfermeras, policías y frecuentando a las bandas latinas de la ciudad, adquiriendo la materia prima que transformaría en esta potentísima crónica ficcional cuya lectura, una vez comenzada, no puede abandonarse. Gattis centra el foco de su narración en Lynwood, una de esas ciudades satélites absorbidas por la interminable expansión angelina —situada al sur, colindante con otro lugar famoso por su dureza, Compton— y de mayoría hispana. Con el estallido de los disturbios y la policía concentrada en otras zonas del condado, las bandas tendrán vía libre para aprovechar la situación de anarquía y desencadenar su propio caos. Todo vale.

Dividida en seis capítulos, uno por cada día de disturbios, Gattis fragmenta la novela en 17 historias interconectadas. Escritas en primera persona, el libro, un prodigio de ritmo narrativo, adquiere velocidad de vértigo desde su primera página y, a través de sus múltiples personajes —pandilleros, narcotraficantes, bomberos, enfermeras, vecinos del barrio, graffiteros— nos muestra las diferentes caras del drama. Todas mortificantes.

Sí, Seis días es violenta. Cruda, incluso cinematográficamente violenta —seriéfilos, no temáis, HBO ya tiene los derechos— Pero junto a las pistolas, los ajustes de cuentas y la venganza sin sentido, Gattis también nos muestra otros tipos de violencia, tan o más importantes para entender el polvorín que es Lynwood y, por ende, L.A. —o casi cualquier gran ciudad regida por la desigualdad depredadora y salvaje—. Me refiero a la económica y a la racial. A los barrios convertidos en guetos. A la estratificación social. Al racismo rampante entre quien se supone tiene la potestad de ejercer su autoridad. A que comprar balas sueltas sea más barato que adquirir alimentos. El crimen llama al crimen. Apabullante, absorbente lectura.

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Novato en nota roja, Alberto Arce (Libros del K.O., 2015)

Y acabamos con la realidad. La más espeluznante. La que únicamente el periodismo más valiente y honesto puede descubrirnos y mostrarnos sin cortapisas. La que en Novato en nota roja nos traslada a Tegucigalpa, capital de Honduras, un país que vive en una guerra no declarada desde hace años, en donde las estadísticas hablan por sí solas. La tasa de homicidios es de 85 personas por cada 100.00 habitantes, unos 20 muertos al día. 7.100 personas fueron asesinadas solo en 2012. Cifras que en lugares como la ciudad de San Pedro Sula superan a zonas de combate como Bagdad o Kabul. A ese infierno en vida se fue el gijonés Alberto Arce, único corresponsal extranjero en el país centroamericano durante más de dos años, 2012-2014. Afortunadamente, vivió para contarlo.

Honduras se escapa a la chomskyana definición de «estado fallido». No, a tenor de las crónicas de Alberto, es peor. Desde el golpe de Estado de 2009 es un «estado criminal», que gravita entre la corrupción generalizada; el vergonzoso servicio al narcotráfico —dependiendo de las fuentes, entre el 90 y el 95 por ciento del tráfico de drogas que se transporta de América del Sur a Estados Unidos pasa por Honduras—; la lamentable inoperancia ante las pandillas, en su mayoría surgidas en el país a raíz de sus deportaciones desde Estados Unidos —entre 2001 y 2010, 129.726 delincuentes condenados fueron deportados a Centroamérica, más del 90 por ciento a Honduras—, replicando inmediatamente sus actividades delictivas ante la fragilidad del gobierno, en una situación extensible a El Salvador —como vimos en otra lectura altamente recomendable, Ver, oír y callar, publicada por Pepitas de Calabaza— y a Guatemala; y en el kafkiano extremo opuesto, los escalofriantes «escuadrones de la muerte». Un panorama absolutamente desolador.

Arce, en una labor extraordinaria dadas las peligrosísimas circunstancias en las que realiza su trabajo, desmenuza magistralmente y al detalle la magnitud de la tragedia. Y lo hace sin subrayados ni heroicidades, apenas dejando traslucir su lógico pesar, frustración y miedo. Sin renunciar a seguir indagando y hacer las preguntas incómodas y contando los días para volver con los suyos. Yendo de los «muertos cotidianos» a la exposición de un sistema miserable en todas sus dimensiones el que los militares, la policía, los políticos y la prensa quedan expuestos en toda su abyecta vileza.

No hay capítulos menores en Novato en nota roja, pero los que se ocupan del atroz caso del asesinato del joven EbedNoche de chepos—, el encuentro con el Tigre Bonilla, brutal director general de la benemérita, y la última sección del libro, titulada Los que cuentan historias —atención al repugnante partido Libre, supuestamente de izquierdas—, son especialmente estremecedores. Si además les añadimos las inquietantes ilustraciones, en sombrío blanco y negro, de Germán Andino, el resultado es una obra colosal. Y uno de los mejores homenajes a esa noble profesión que es el periodismo que servidor haya leído en mucho tiempo. Una profesión tan necesaria y, sin embargo, tan necesitada de ejemplos a seguir en una época de tertulianos profesionales y esbirros del poder. Gracias, Alberto.

Cuatro formas de acercarse a un fenómeno desgarrador y acuciante. Cuatro ejemplos de lo lejos que puede llegar la buena literatura. ¡Mucho que leer!

 

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