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Aquí no es Miami, Fernanda Melchor (Literatura Random House, 2019)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Aquí no es Miami_indienauta

Uno disfrutó tanto Temporada de huracanes, la obra con la que descubrimos a la mexicana Fernanda Melchor por estos lares allá en 2017, que ansiábamos con ganas disponer de una segunda entrega de sus talentos narrativos. Pues gracias a Literatura Random House la espera ha terminado. Aquí no es Miami, recopilación de «artefactos literarios», escurridizos a la clasificación canónica de relatos, enmarcados en la extremadamente virulenta época de la «Guerra contra el Narco». Más allá de la ranchería La Matosa, toca regresar a ese Veracruz turbulento y arcano…  

Escritos entre 2002 y 2011, los textos —varios de ellos aparecieron originalmente en la revista cultural Replicante— que conforman Aquí no es Miami oscilan entre la crónica periodística y la ficción, convirtiéndose en un estimulante híbrido narrativo, muy personal, donde lo ficticio y el hecho dialogan en una relación digamos abierta, en la que el tercer vértice, la subjetividad, es la invitada, conocida y de excepción, por ambas partes. Como si la nota roja, ese género tan fácilmente pervertible para malvender diarios, pseudo-programas y noticiarios sensacionalistas, o directamente alarmas, pudiera permitirse supeditar la premura a la investigación, recabando la vivencia y los efectos en sus protagonistas para trasladarlos al papel.  

El resultado es abracadabrante y señero. Como ya ocurría en Temporada de huracanes, Fernanda Melchor logra dotar a esta colección de «inclasificables» de una atmósfera cohesiva muy particular, funesta, maligna y montaraz. Su estilo, descarnado sin necesidad de florituras, logra cuadrar lo aparentemente impensable: lo litánico con lo dinámico. Y, por encima de todo, ahonda en lo humano con pasmosa naturalidad, incluso en medio de una interminable espiral de violencia tornada en devastadora rutina, reivindicando la percepción y el recuerdo. La propia autora lo señala en la nota introductoria de Aquí no es Miami. «Vivir en una ciudad es vivir entre historias». Y, a estas, «no las cuenta la realidad, las cuenta el lenguaje humano, la memoria». 

De ese modo, podría decirse que las crónicas del volumen son ejercicios narrativos de experiencias individuales que, amalgamados, se vuelven colectivas. Incluso en algunos, caso del inicial «Luces en el cielo», Melchor es partícipe directa de la vivencia, rememorando un episodio familiar de su infancia con trazos de Encuentros en la tercera fase —ahora Cuarto milenio, ya no queda lugar para el romanticismo—, en el que el posible avistamiento de un ovni en una playa cercana ocultaba un primer recuerdo de la presencia del narco en su ciudad. O, en el soberbio «La casa del estero», el más extenso del lote, en la que la cautivadora revisión veracruzana de El exorcista nos muestra tanto la vertiente más atávica del lugar —regresa el espíritu de La Matosa—, pura sociología, pero alberga también una incipiente relación sentimental de la misma escritora. O, como en el encargado de cerrar Aquí no es Miami, «Veracruz se escribe con Zeta», leemos con sobrecogimiento la aflicción de Melchor causada por el tiránico dominio territorial de Los Zetas, mientras el presidente Felipe Calderón y el gobernador de la región Fidel Herrera Beltrán presumen patéticamente de estrategias erróneas, ajenas a la realidad desquiciante de quienes padecen la violencia y la podredumbre a diario. 

La Fernanda Melchor periodista logra piezas notables en sus encuentros con los criminales, como el Ángel del texto recién mencionado, o el anónimo que habla sobre «El Gordo» de «La vida no vale nada». Sin embargo, en mi opinión los textos que se llevan la palma son aquellos que revelan la historia humana tras el hecho —alguno aparentemente anecdótico— más allá del narcotráfico. Valgan los ejemplos de «Una cárcel de película», sobre el penoso traslado de los reclusos del penal de Allende, en una más que sospechosa coincidencia temporal con el rodaje de una película de Mel Gibson. O, en la titular «Aquí no es Miami», en el que unos polizones dominicanos alcanzan el puerto veracruzano por error y, en un sorprendente giro de los acontecimientos, el narrador descubre que los motivos de su desesperación no son precisamente humanitarios. O, finalmente, el de otro de los relatos que merecen mención especial, «Reina, esclava o mujer», donde nos topamos con Evangelina Tejera, reina del carnaval que asesinó a sus hijos, una nota roja que adquiere tintes de crónica sociopolítica y generacional, exacerbadas gracias a su final abierto. Y es que, después del crimen, la historia no termina…

Sucinta y sin apenas desperdicio —quizás un par de textos, los más breves, no trascienden lo puramente episódico—, Aquí no es Miami es una lectura que atrapa y noquea a partes iguales,    confirmando y expandiendo lo apuntado en Temporada de huracanes: una inusitada capacidad de maridar la crudeza y el misterio, la crónica y la ficción, a través de una voz genuina. Más Fernanda Melchor pronto, por favor. 

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