Otro centenario de conmemoración obligada para quien escribe es el Vladimir Ilyich Ulyanov, Lenin, fallecido en enero de 1924. Una efeméride que sirve de excusa para esta sucinta, no obstante suculenta, biografía ilustrada firmada —textos y dibujos— por Agustín Comotto y publicada, en estupenda coedición, por Capitán Swing y Nórdica Libros. El repaso a la vida, breve pero de una intensidad e influencia difícilmente comparable, del líder comunista. O, como reza el subtítulo de la obra, El hombre que cambió el mundo 

Nacido en Buenos Aires en 1968, Agustín Comotto es un ilustrador e historietista que comenzó a publicar en la revista argentina Fierro a finales de los 80. Trasladado a Corbera de Llobregat,  Barcelona, desde 1999, posee una bibliografía muy extensa —infantil y adulta—, con títulos publicados en México, Venezuela, Argentina, España, Corea e Italia. En el 2000 ganó el premio A la orilla del Viento del Fondo de Cultura Económica mexicano y, en 2001, la mención White Raven de la Biblioteca de Munich por el álbum Siete millones de Escarabajos. Colaborador habitual de Nórdica, ha ilustrado sus clásicos de Tolstói, Pere Calders, Julio Verne o Edgar Allan Poe, además del libro La conquista de los polos y dos Atlas literarios. Entre sus últimos trabajos destacan 155 (2017, Nórdica), El peso de las estrellas (Raig Verd, 2019), Llibres contra bombes (Memorial Democràtic de Catalunya, 2020) y, este 2024, Stein, de nuevo en Nórdica.

Lenin apenas supera el centenar de páginas y está dirigida a un público amplio. Sin embargo, tanto el enfoque, accesible y muy centrado en el contexto histórico, como su potencia visual,  siempre cromáticamente elegante, basada en el vanguardismo ruso de la época —del que habla en el libro—, me parecen muy acertadas. Comotto está acercándonos una figura divisiva, idealizada o satanizada dependiendo del bando, desde el prisma que considero más lógico para un título con voluntad introductoria. Cómo era la Rusia —y, de pasada, también Europa— que se transformó en el primer estado socialista.    

Así, Comotto aborda gran variedad de temas pese a la limitada extensión de Lenin. De un lado, su vida. Un joven marcado por su hermano Aleksandr, anarquista antizarista ejecutado por el régimen en 1887 —al año de la muerte de su padre—. De «Volodia» —apelativo familiar— al abogado airado, intelectual brillante convertido en revolucionario profesional, desterrado y exiliado después junto a su esposa Nadia Krupskaya. Luego el líder sagaz, ladino e incansable trabajador —15-17 horas diarias— y prolífico teórico —faceta que escasea en el libro—. También crecientemente hermético, sometido a una presión y estrés monumentales, lo que afectó su salud, con recurrentes crisis nerviosas, migrañas, trastornos de sueño y alimentación. 

Páginas interiores de Lenin. El hombre que cambió el mundo.

Por otra parte, a mi juicio la más interesante, tenemos los grandes hitos de la Revolución rusa y la tortuosa creación del nuevo país. De hecho, Comotto arranca bastante antes, aportando una necesaria impresión sobre la Rusia zarista, las hambrunas y padecimientos de la población. Igual que de la Revolución de 1905, la guerra contra Japón, el motín del acorazado Potemkin y, claro está, la Primera Guerra Mundial. Preludios del Octubre Rojo de 1917, los días que sacudieron el mundo y en los que Lenin, siempre un paso por delante, volteó las tornas. Los bolcheviques pasaban a ser la facción dominante. La que, con su Guardia Roja y el acorazado Aurora, derrocó al Gobierno provisional de Kerenski tomando el Palacio de Invierno. 

Aunque más dispersa —muchos flancos— también resulta estimulante la narración de los acontecimientos tras el triunfo de 1917. Siete años de convulsión marcados por la guerra civil —también contra Polonia— y la complejidad de construir el estado desde cero. Comotto nos habla del aparato policial —la Cheka, deudora de la Ojrana zarista—. Del poder de los símbolos y el arte, del color rojo a la modernidad vanguardista. De la propaganda —disiento del autor, Hearst y Pulitzer preceden a Lenin—. O, cuando su salud presagiaba el inevitable desenlace, de las luchas internas por el poder. Y, de cómo, una vez Stalin aplastó a Trotski, este promovería el culto a su persona… y el autoritarismo implacable.

La dimensión del biografiado va a provocar debates y matizaciones. Las mías, nimias, se concentrarían en ciertas justificaciones del autor en la introducción y conclusión, obviando su labor contextualizadora del estado de conflagración —bélica o intestina— permanente vivida por el líder marxista. O confundiendo —es habitual— a Koba el temible con Lenin. En cualquier caso, al situarse lejos tanto de la demonización como de la hagiografía, y apoyado por un apartado gráfico atractivo y cohesivo, Agustín Comotto nos ofrece una valiosa biografía. Con la que adentrarse en la figura de un personaje mayúsculo, fundamental para entender el siglo XX… y el presente.