Lazzaro feliz es un film como salido de otro tiempo. Me recuerda a un cine más preocupado por cuestiones profundas, religiosas, existenciales, a ese cine europeo de los años sesenta que también era más libre y que no le tenía miedo a la experimentación. La tercera película de la italiana Alice Rohrwacher ha cosechado nominaciones y premios en varios festivales internacionales. Estuvo nominada a la Palma de Oro en Cannes y allí se llevó el premio al mejor guión. En Sitges se hizo con el Premio especial del jurado, el Premio de la crítica José Luis Guarner, y el premio Jurat Carnet Joven. No es casualidad. La película se mueve de forma sorprendente entre la parábola religiosa y la crítica social -recoge un hecho real sobre la aparcería- que enriquece con elementos surrealistas -la música que escapa de una iglesia- o de realismo mágico -el poder de invocar los vientos- y simbólicos -ese lobo que aparece de la nada-.

Es la historia imposible de Lazzaro -hipnótico – nombre que comparte con el resucitado milagrosamente por Jesús. Y es que estamos ante algo muy parecido a las vidas de los santos. El protagonista es un campesino que vive en una aldea, un personaje misterioso y memorable: ese caminar con los brazos rígidos, la mirada perdida, su sonrisa bobalicona. Lazzaro no puede representar otra cosa que la inocencia y la pureza. Precisamente, está rodeado de tipos humanos que se aprovechan de él. Todos tienen sus defectos, sí, pero también son perdonados por una mirada humanista, piadosa, que nos dice que, al fin y al cabo, todos vivimos -y morimos- bajo el mismo cielo. La película plantea ideas sobre la explotación del hombre por el hombre -esa esclavitud feudal que era la aparcería- el capitalismo, el gran engaño al que nos sometemos por miedo. Habla también de la mentira de la civilización y de la hipocresía de la sociedad, de la pérdida de contacto con la naturaleza y de lo que nos podría dar esta, si nuestra vida fuese más sencilla. Creo que habla también del paraíso perdido por una promesa -falsa- de libertad y de conocimiento.

Notable film italiano que hay que ver, Lazzaro feliz me recuerda a ese cine puro y primitivo de Roberto RosselliniFrancisco, Juglar de Dios (1950)- y sobre todo de Luis Buñuel -el de Nazarín (1959)-.