La estupenda editorial Neo Person es una habitual de la sección gracias a su colección dedicada a la música, Neo-Sounds. Pero en esta ocasión me he pasado —tiene truco, ahora veréis— a su división culinaria, Neo-Cook, para degustar este Lágrimas en H Mart de Michelle Zauner, líder de la banda indie pop —con mucho de dream pop y algo de shoegaze— Japanese Breakfast —en breve por estos lares vía Primavera Sound—. Unas memorias bastante inusuales, sobre la forja de una identidad híbrida —estadounidense y coreana—, la convivencia con la enfermedad y el duelo por la pérdida de la madre. Y mucha comida…

De padre estadounidense y madre surcoreana, Michelle Chongmi Zauner nació en Seúl en 1989, aunque siendo un bebé la familia se trasladó a Eugene, Oregón, donde creció, sin perder su ligazón con el país asiático —visita familiar la mayoría de los veranos—. Pese al rechazo frontal materno a una carrera musical, una adolescente Zauner comenzó a tocar localmente bajo el nombre de Little Girl, Big Spoon, llegando a telonear a nombres como Matt Ward o Maria Taylor. Y, ya trasladada a Pensilvania, donde estudió escritura creativa en el Bryn Mawr College, ese empeño no haría más que amplificarse.

Porque entre varios trabajos —camarera, en el guardarropía de la sala de conciertos Union Transfer— y parones forzosos —el meollo de este libro—, Zauner formó diversas bandas. Efímeras y muy indie pop, como Post Post y Birthday Girlz. O más duradera, aunque emo, caso de Little Big League, publicando los LPs These Are Good People (2013) y Tropical Jinx (2014). Dos años después, empezaría a grabar bajo el nombre de Japanese Breakfast, lanzando tres discos hasta la fecha: Psychopomp (2016), Soft Sounds from Another Planet (2017) y Jubilee (2021). Lágrimas en H Mart (2021) es su debut literario, bestseller del New York Times y entre lo mejor del año para Washington Post, TIME, NPR, Entertainment Weekly, Goodreads…

El subtítulo de Lágrimas en H Mart —cadena de supermercados especializada en comida asiática—, Una historia de amor, pérdida y cocina coreana, no deja lugar a dudas sobre las «coordenadas» de estas memorias. Zauner disecciona su periplo vital, marcado por su compleja relación con su identidad mestiza coreana-estadounidense… y su madre, fallecida en 2014 a sus 56 años tras no poder superar un cáncer. Es una historia formativa, un aprendizaje que, afortunadamente, no abunda en los tonos sepia —la palabra entrañable solo se adecuaría a ciertos pasajes infantiles—. Al contrario, no escatima los episodios duros. 

Y es que Zauner no sólo ahonda en los meses más terribles de la enfermedad. Si no que trata de un vínculo que intentó romper al enfrentarse agriamente a su madre, y como consecuencia, poner kilómetros de por medio —radical cambio de costa— Un desafío, digamos en toda regla, al intentar lograr su sueño musical… Y que, sin embargo, es capaz de lúcidamente revelarnos como una lucha denodada por cumplir con sus exigentes expectativas, aún más cuando regresa para enfrentarse al aciago futuro. En ese aspecto, Lágrimas en H Mart es un sentido relato de reconciliación. Con la madre, sus propios orígenes y, sobre todo, ella misma.  

Eso nos lleva, claro, al «elefante en la habitación» de Lágrimas en H Mart: la comida. Uno no puede dejar de pensar que el atracón de platos y manjares preparados o degustados en estas páginas podría eliminarse y la autobiografía seguiría funcionando. Es posible —al menos, es mi caso—, que dichos fragmentos a veces pueden tener menos interés o, incluso, sacarte de la lectura. Al mismo tiempo, es innegable que, a través de ellos, Zauner nos habla de un poderoso elemento identitario, además de una forma de comunicación y encuentro familiar. Cocinar y compartir mesa como muestra de afecto insobornable, por tensa o desoladora que la situación sea. Y, una vez el triste desenlace se produce, un vehículo para recordar al ser querido.

Preferencias culinarias aparte, en realidad, lo mejor del libro es la falta de pretensiones y honestidad de su autora. Pese al evidente drama y lo grave de los temas tratados, Michelle Zauner no intenta sobreanalizar ni edulcorar su historia. Su prosa no busca florituras o épica. Apuesta por la eficacia y la sinceridad —excepto los lógicamente alambicados nombres de los platos, la impecable traducción de Ainhoa Segura Alcalde incide en dicha claridad—, creando una sensación de cercanía con el lector. Echo en falta más música —uno le tiene cariño a Psychopomp y, al saber de donde viene, aún más—. Pero sin necesidad de ser fan de la gastronomía coreana, Lágrimas en H Mart, colma las expectativas. Quedaréis saciados…