La vampira de Barcelona

Fake news

Ganadora del Gran premio del público en el Festival de Sitges 2020, La vampira de Barcelona nos lleva a los comienzos del siglo XX para mostrarnos cómo un traumatizado periodista investiga la extraña desaparición de una niña.

La película del director Lluís Danés escarba detrás de la historia verídica de Enriqueta Martí, considerada una asesina en serie y secuestradora de niños a los que prostituía.

El guión de Lluis Aracarazo y María Jaén nos invita a cuestionarnos la leyenda de la vampira, introduciéndonos en la sociedad del momento -cuyas dinámicas reflejan las actuales- y dejando claro que los desamparados siempre serán las víctimas de los poderosos. Con este trasfondo, la película recuerda inevitablemente a un cruce entre La isla mínima (2014) y la serie El alienista, aunque los recursos utilizados para contar esta historia sean algo diferentes.

Ante un presupuesto modesto para recrear la Barcelona de principios del siglo XX, Danés tira de ingenio y utiliza todo tipo de recursos estéticos y artísticos: escenografías casi teatrales, sombras chinescas, siluetas, y en determinados momentos -como en el burdel- una puesta en escena cercana al videoclip. Y la apuesta le sale bien al director, que consigue meternos de lleno en la historia, sin necesidad de grandes alardes en efectos especiales, con una trama bien contada y con buen pulso.

El otro elemento a favor de la película es un gran reparto: Roger Casamajor está estupendo como el atormentado y morfinómano periodista protagonista, Sergi López evita que el autoritario policía que interpreta se convierta en una caricatura con disfraz; Bruna Cusí está perfecta en un papel reducido pero muy importante para la trama. El trío está acompañado por buenos actores en papeles secundarios y hasta en cameos: Nora Navas es importantísima como Enriqueta Martí; así como Núria Prims, Francesc Orella, Pablo Derqui y hasta Albert Pla. 

La vampira de Barcelona es una película que se defiende muy bien, con la idea clara de cuestionar el papel de los poderes en la sociedad, sobre todo el del periodismo sensacionalista y cómo este crea una falsa realidad -hoy las llamamos fake news– que beneficia, cómo no, a los de arriba. Solo una cierta falta de originalidad y un exceso de explicaciones sobre la trama, cuando hubiera sido mejor dejar algunas cosas en el misterio, evita que esta cinta sea completamente redonda.