Hoy la lectura viene propuesta por Libros del Asteroide, toda una garantía, invitándonos a cruzar el charco para degustar La uruguaya, del escritor bonaerense Pedro Mairal, uno de los autores argentinos más destacados en los últimos años, ganador del Premio Clarín de Novela en 1998 con Una noche con Sabrina Love —llevada al cine dos años después—, entre otras publicaciones que incluyen también libros de cuentos, poesía, columnas y artículos periodísticos… ¡incluso una novela en sonetos! La uruguaya es un librito en apariencia ligero —apenas 140 páginas y, según reza la contracubierta, una divertida historia sobre una crisis conyugal— que pronto se revela como otro claro ejemplo de que nunca hay que fiarse de la mercadotecnia, amigos… Aunque en este caso sea para bien.

Porque La uruguaya, publicada en su país el año pasado, es algo más. Bastante más, de hecho… Su trama transcurre en un solo día y nos narra la experiencia definitoria para la vida de Lucas Pereyra, escritor en la cuarentena con serios problemas —conyugales y económicos— domésticos: su viaje de Buenos Aires a Montevideo para retirar el dinero anticipado de dos libros por escribir —porque el cambio en el país vecino resulta mucho menos sangrante—. Y,  de paso, encontrarse también con su amante, la joven e irresistible Guerra. Cierto, el relato está impregnado de una sutil ironía, y contiene varios golpes de humor, la mayoría a costa de la ridícula «pitopausia» y el exceso de sangre bombeada allá abajo debido a la sicalíptica conquista, por mucho que el desorientado bardo intente camuflarlo con su reflexiva verbigracia. Pero la realidad es que la experiencia de Pereyra, narrada en primera persona, es un potente concentrado de miserias humanas varias. También es, literalmente, su confesión. Completa.  

Mairal construye una poderosa narración de contrastes que fluye natural y sin frenos, con espacio tanto para Luis Suárez y Pepe Mujica como para Jorge Luis Borges y Juan Carlos Onetti. Al tono desenfadado y ritmo dinámico se le contrapone una evidente tristeza, por no decir desesperación. Hay entusiasmo por ese dinero a recoger que le permitirá «comprar un año» de tiempo para escribir, y excitación por encontrarse con Guerra. Pero también miedo, el que tiene que ver con la coyuntura socio-económica y, sobre todo, el miedo al fracaso. Mejor dicho, a los posibles fracasos: el de un escritor bajo presión, el de su matrimonio, el de una infidelidad —¿ilusionarse tras un breve encuentro es de enamoradizos o de estúpidos?— apenas comenzada y con un futuro de lo más titubeante. De la liberación al abismo media un paso.

El mérito de Pedro Mairal con La uruguaya, enorme, es «el cómo» nos cuenta la historia de Pereyra. La evidente amargura que subyace en este relato a dos niveles, formado por la recreación del pasado y el mensaje a su esposa desde un «presente narrativo» que va mostrándose paulatina pero inexorablemente, revelando como lo que pasó ese día lo cambió todo, no recurre al drama. Esa perenne sensación de confusión que asola a nuestro vulnerable, híper-reconocible protagonista, no necesita cargar en ningún momento «las tintas» ni regodearse en la desdicha. La mencionada ironía, las situaciones absurdas y los giros inesperados de la novela —quizás el que tiene que ver con su mujer, muy al final, me resulta algo forzado— la distancian positivamente de terrenos ya transitados. Y para cuando todas las cartas han quedado boca arriba, Mairal concluye la obra, sucinta e impecable. «La vida es aquello que sucede mientras planeamos el futuro» que cantaba aquél