Lo mejor que se puede decir de una propuesta como La reina de los lagartos es que es extraña. No solo por su argumento peculiar, sobre una extraña pareja formada por una madre soltera -o separada- terrestre, Bruna Cusí, y un extraterrestre venido de otro planeta, interpretado por el gran monstruo -literal- del cine español e internacional, Javier Botet. Dirigida por el dúo Burnin’ Percebes –Fernando Martínez y Juan González– la extrañeza de la película se expresa también en su formato, rodada en cine Súper 8, lo que influye seguramente en la narrativa: el formato es cuadrado, la fotografía tiene grano, los encuadres suelen ser abiertos -predomina el plano general- y los movimientos de cámara, son mínimos. Una estética interesante, vintage, underground, que obliga a contar esta pequeña historia en breves episodios de corte costumbrista, que apelan a lo cañí, pero evocando la ciencia ficción de una space opera a través de los diálogos, lo que nos obliga a imaginar un planeta habitado por lagartos inteligentes que ha decidido visitar nuestro planeta. El humor del film está en que esta desquiciada propuesta es asumida por todos los personajes de una forma absolutamente natural. Excepto por el cura (Roger Coma), claro.