Suspense

El suspense, según Alfred Hitchcock, se sustenta en una idea sencilla: el espectador sabe más que los personajes de la película. Esa situación provoca una tensión inevitable, ya que nos obliga a esperar la reacción de los personajes cuando descubran la bomba debajo de la mesa, o al cadáver oculto en un arcón. La mesita del comedor (2022), dirigida por Caye Casas, alabada por Stephen King -y Mick Garris– y estrenada directamente en Filmin, se apoya en esa idea del suspense. El protagonista, José (David Pareja) ha sufrido un evento traumático que mantiene oculto a su entorno y, sobre todo, a su mujer, María (Estefanía de los Santos). ¿Qué pasará cuando la terrible verdad sea revelada? Hay también aquí un estudio sobre la culpa que recuerda a El corazón delator de Edgar Allan Poe. El conocimiento de lo ocurrido cambia completamente la perspectiva del espectador ante lo que se desarrolla en la pantalla, una serie de situaciones de lo más cotidianas: una discusión de pareja tras una visita al Ikea; o las tensiones propias de una visita familiar -la del cuñado, Carlos (Josep María Riera) y su pareja (Claudia Riera)-.

El argumento se desarrolla como una comedia costumbrista, una sátira sobre la sociedad actual, falsamente bienintencionada y políticamente correcta pero superficial e hipócrita, en la que la prioridad es el postureo, que ensalza forzadamente valores como la paternidad, la familia, el amor e incluso el ecologismo -y hasta la nostalgia ochentera y el deseo de recuperar la supuesta Edad Dorada de la infancia-. Todo esto se consigue, precisamente, porque el espectador conoce el hecho terrible que dispara la trama y que convierte en triviales todo lo que dicen y hacen los personajes, transformando la comicidad estilo La que se avecina en un ejercicio de humor negrísimo, casi insoportable.

Casas consigue construir su película en apenas cuatro escenarios -la tienda de muebles, un supermercado, un parque y el piso en el que ocurre todo- y un puñado de personajes -bien interpretados- y lo apuesta todo a la fuerza de esa idea motora que hace que la cinta sea muy original, posiblemente única en sus planteamientos. El gran elemento ajeno al núcleo principal de la historia, una niña adolescente (Gala Flores) que amenaza al protagonista, me hace pensar que Caye Casas ha conseguido reunir alrededor de su personaje principal todos los grandes miedos del hombre actual y todas las sombras que cuestionan la masculinidad: la posible incapacidad de ser un padre y una pareja adecuados; la lacra de la violencia machista, la violencia vicaria y la pedofilia; la ya mencionada nostalgia por la infancia y la incapacidad para madurar. 

La mesita del comedor tiene la factura de un cortometraje porque con esos -escasos- medios de producción ha sido realizada, pero las ideas que hay detrás, arriesgadas y sin miedo a resultar perturbadoras, son dignas del revuelo en las redes.