La inocencia

Incomunicación

La inocencia cumple con los elementos recurrentes del coming of age: una adolescente, Lis -la nominada al Goya, Carmen Arrufat– se enfrenta al difícil tránsito hacia la vida adulta. Esta historia, mil veces contada, no tendría demasiado interés por sí misma: hemos visto ya a adolescentes fumando, emborrachándose, drogándose, manteniendo relaciones sexuales -quizás- prematuramente o ejerciendo la violencia en las típicas peleas. Sí, La inocencia tiene todo el catálogo. Pero no es otra película sobre la problemática adolescente por dos motivos, para mí, importantes.

El primero, hacer del escenario un lugar concreto, un pequeño pueblo de Valencia, Traiguera, donde nació la directora debutante, Lucía Alemany -que estaría nominada a mejor dirección novel si no fuera porque este año dicha candidatura estaba especialmente reñida-. Esta particularidad aporta el retrato costumbrista de los modos del pueblo -de las fiestas, por ejemplo, en cuyas imágenes Alemany demuestra buen ojo documentalista- y del contexto cultural de los protagonistas, haciendo que sus peripecias sean únicas, aunque sus problemáticas sean universales. El otro elemento interesante de esta estupenda ópera prima es cómo aborda el tema de la educación, o más bien, el de la comunicación. Afinemos todavía más: el de la incomunicación. Lis busca aprender a vivir, pero es incapaz de establecer un diálogo con sus padres -los siempre estupendos Sergi López y Laia Marrull– que responden habitualmente de forma punitiva a las quejas de Lis; ni con sus amistades -la insidiosa Rocío (Laura Fernández)-; ni con su inadecuada pareja -Néstor, un convincente Joel Bosqued-. Ante la incomprensión, Lis busca modelos para ganar experiencia, desde su mencionado novio ‘camello’ a una curandera new age -(Sonia Almarcha)- y haciendo evidente que, aunque copie los vicios de los adultos, sigue siendo una niña -elocuente el momento en el que juegan a echarse agua como crías antes de entrar en la discoteca de “mayores”-.

Lis mantiene un pensamiento infantil, capaz de buscar soluciones mágicas a los problemas que conllevan sus decisiones, mientras sueña con un futuro representado en la carpa de un circo.