El misterio de la imagen

La hija, dirigida por Manuel Martín Cuenca –Caníbal (2013)-, es una de las películas españolas del año en un 2021 que, a pesar de la pandemia y la crisis, ha supuesto una estupenda cosecha de cine patrio. Con dos intérpretes solventes encabezando un reducido reparto, como Javier Gutiérrez y la estupenda Patricia López Arnaiz, estamos ante un extraño thriller rural que toca temas sociales tremendamente polémicos. No conviene desvelar su argumento, ya que parte importante del juego que la película plantea con el espectador es descubrir cuál es la historia que vemos en la pantalla y quiénes son realmente los personajes. 

En La hija, lo no contado es más importante que lo que vemos y sabemos. Martín Cuenca -nominado al Goya al mejor director- nos exige como espectadores y nos obliga a esforzarnos para sacar nuestras propias conclusiones, a pesar de que no estamos ante una película precisamente ambigua. Hay un mecanismo cruel en esta obra que juega con nuestras expectativas, con nuestros prejuicios e incluso con la imagen que podemos tener de los actores del reparto ¿Quiénes son los héroes y quiénes los malvados? El ejercicio de tensión que consigue Martín Cuenca es digno de elogio: cómo nos hace sufrir planteando situaciones en las que aparentemente no ocurre nada, pero que generan una inquietud que puede llegar a ser insoportable. 

El gran hallazgo de la película, en mi opinión, es que, partiendo de sentimientos y deseos muy humanos, que normalmente son positivos, se consigue extraer lo peor del ser humano, los sentimientos más oscuros y la capacidad para hacer el mal. La hija también puede ser una película sobre el fin y los medios. Destaquemos además ese macabro placer al que ya nos tiene acostumbrados Javier Gutiérrez -nominado al Goya por este papel-, cuyos últimos personajes –El autor (2017), la serie VergüenzaHogar (2020)- son individuos aterradores, capaces de mentir con la voz más suave y el tono más educado posible.