Aventura y burocracia

La primera serie de televisión que firma Alejandro Amenábar es La Fortuna -disponible en Movistar Plus-. Se trata de la adaptación del estupendo y muy recomendable cómic El tesoro del Cisne Negro, de Paco Roca y Guillermo Corral. Es la historia, basada en hechos reales -el caso Odissey -, de la lucha de unos funcionarios del Gobierno español -del Ministerio de Cultura- por evitar que una empresa de cazatesoros se apropie de un pecio español del siglo XIX, un inmenso tesoro tanto histórico como monetario. El cómic narra de forma ejemplar los esfuerzos de un joven diplomático y una funcionaria de Patrimonio por evitar que un moderno ‘pirata’ -un empresario aventurero y romántico, pero sin escrúpulos- se quede con el mencionado botín. El dibujante Paco Roca consigue que una historia que ocurre en despachos, salas de archivo, oficinas y juzgados, tenga el ritmo y el entusiasmo de una aventura naval. De fondo, los hechos históricos evocan batallas a cañonazos con la literatura y el cine de aventuras clásicos como grandes referentes. Todo un logro en una obra de lectura adictiva y trepidante, con un realismo envidiable.

¿Cómo adapta Alejandro Amenábar este cómic? La elección de un actor como Clarke Peters, inolvidable en la serie The Wirepodría hacer pensar en una apuesta del director por emular el registro realista de la obra original. No es así. Amenábar adapta la historia a las coordenadas de su cine y de su estilo de puesta en escena: planos largos y elegantes movimientos de cámara, que en algunos momentos ralentizan el ritmo. Así, la serie de Amenábar es diferente al cómic, como debe ser, y transita por caminos diferentes, alejándose de los hechos reales. 

La serie de Movistar Plus desarrolla mucho más la relación de la pareja protagonista, Álex Ventura (Álvaro Mel) y Lucía (Ana Polvorosa), a los que transforma en representantes de las ‘dos Españas’, de la izquierda y la derecha, de los ‘progres’ y los ‘fachas’, extendiendo el discurso político de Mientras dure la guerra (2019). Una decisión que puede gustar o no, pero que desde luego aporta interés y densidad a los personajes, sin caer, del todo, en el tópico. Por otro lado, Amenábar no resiste la tentación de recrear los hechos históricos que acabaron con el naufragio del buque y tiene presupuesto suficiente para hacerlo. Si la evocación fuera de campo del naufragio en la novela gráfica funcionaba de maravilla y aportaba rigor a la narración, la decisión de Amenábar de contarlo en pantalla -y a lo grande- proporciona espectacularidad y variedad a la serie. Menos afortunada me parece la inclusión del personaje de Horacio Valverde -interpretado por el estupendo Manolo Solo– una especie de conspiranoico patriotero y españolista que me resulta poco creíble y algo manido. Otra adición discutible a la serie es el personaje de la transportista latina en el último episodio: un alivio cómico que puede chirriar a algunos espectadores. Pero en general, la serie consigue hacer atractivos y humanos a los tres personajes principales. 

Mención aparte merece la interpretación de Karra Elejalde como el ministro de cultura, al que proporciona humanidad y matices hasta convertirlo en un gran personaje. Por último, el mayor logro de la adaptación de Amenábar es para mí el desarrollo del antagonista, el aventurero cazatesoros Frank Wild, interpretado por Stanley Tucci, que deviene un personaje interesante al que nos quedamos con ganas de conocer mejor.