La familia Carter. Recuerda esta canción, Frank M. Young y David Lasky (Impedimenta, 2017)

Historia de la música en formato ilustrado y con el superlativo sello de calidad de Impedimenta —en serio, ¿para qué diablos querría tener uno un e-book mientras Enrique Redel siga felizmente empeñado en publicar libros tan hermosos?—. Eso es lo que encontramos en La familia Carter. Recuerda esta canción, novela gráfica biográfica a cargo de Frank M. Young en el guión y David Lasky en el dibujo, y por la que obtuvieron el Premio Eisner —los Oscar del cómic— en 2014 en la categoría de no ficción. Así que toca hacer las maletas y dirigirnos al llamado Poor Valley, en las montañas de Virginia, para encontrarnos con un grupo pionero, absolutamente esencial para comprender «eso» que entendemos por música popular.

¿Qué quiénes eran los Carter?, os preguntaréis los hipsters, millennials, Youtubers y festivaleros de pro. Ni más ni menos que uno de los «padres» del country —la «pelea» la tendrían con Jimmy Rodgers—, de los primeros «supergrupos» que se conocen —hasta casi una veintena de Carters, como muestra el árbol genealógico que prácticamente abre el libro, desfilaron por su longeva trayectoria, entre 1927 y 1956—, logrando un apabullante éxito de ventas y popularidad en la historia de la música moderna, y resultando una influencia fundamental para leyendas como Woody Guthrie, Bob Dylan, obviamente, Johnny Cash —no en vano parte de la familia al casarse con una Carter, June— el folk o el góspel.  

Aunque la fama y las ventas millonarias parecían un hito imposible, a años luz, a finales de los años veinte cuando los más que humildes agricultores Alvin Pleasant «A.P.» Carter y su esposa Sara Dougherty, junto a «Madre» Maybelle Carter —prima de Sara y casada con el hermano de Alvin, Ezra Carter, a la que el tiempo ha situado justamente como una de las guitarristas más icónicas del género— iniciaron su andadura como La familia Carter. Las penurias y notables estrecheces económicas marcan esa etapa inicial, con no pocos momentos en los que los sacrificios por la música ponen en un brete la precaria estabilidad familiar. Sin embargo, a raíz de una serie de primeras grabaciones, todo un acontecimiento para la época, —«¿donde está ese cuerno donde debemos cantar?», pregunta inocentemente A.P., a punto de ser sorprendido por la tecnología del micrófono— realizadas en Bristol en 1927 gracias a la iniciativa de Victor Records, van a suponer el inesperado pistoletazo a la forja de un mito del country.

La pareja formada por Lasky y Young realiza un trabajo impecable, sutil y complementario, en La familia Carter. El dibujo del primero es sencillo, de marcado regusto añejo, y evidentemente influenciado por el maestro Robert Crumb —también de Harold Gray y Frank King— y sus legendarios trabajos sobre música —sus Héroes del blues, el jazz y el country, publicado aquí por Nórdica, es otra joyita indispensable—. Por su parte, el segundo logra condensar los diversos acontecimientos y hechos relevantes de unas vidas y carrera musical tan extensa en capítulos breves, que le aportan dinamismo pero, sobre todo, realiza una magnífica labor al introducir, con finura y, no obstante, diáfana claridad, diversos elementos que subvierten lo que parecía iba a ser una biografía más que «amable», hagiográfica.

De este modo, entre piezas ya convertidas en parte del cancionero popular occidental como Wildwood Flower, Will the circle be unbroken?, Bury me under the weeping willow o Will you miss me when I’m gone, conciertos y momentos familiares ahora celebratorios, luego anecdóticos o simplemente relevantes para la narración, Young va «colando» hechos no tan halagadores, tales como el serio deterioro del matrimonio Carter y su turbulento, agrio divorcio posterior, que puso en entredicho la continuidad del grupo. O el machismo y racismo imperante en la época, eclipsando la figura clave de Lesley Riddle, amigo de color con quién A.P. Carter salía en busca de nuevas canciones que poder interpretar por el país, al más puro estilo Alan Lomax. O las dificultades para lidiar con una fama creciente ante la que la familia y sus valores tradicionales no estaba para nada preparada, a las que se debe añadir una presión y jornadas laborales exageradas y extenuantes, además de que ya se podían atisbar ciertas sombras relativas al surgimiento del negocio de publicar discos. En definitiva, en La familia Carter hay mucho más que devota y «blanca» música country.

Aunque a uno le hubiera gustado que el cómic dejase más espacio a Maybelle Carter y a la siguiente generación, la de las Carter Sisters, probablemente aún más conocida que sus antecesores gracias a la figura de June Carter y su relación con Johnny Cash —a quienes se les reserva el epílogo—, la verdad es que resulta una decisión coherente por parte de sus autores. Les permite cerrar a la perfección no sólo el primer capítulo de la historia de los Carter, seguramente más ajeno debido a su antigüedad y, sin embargo el más relevante respecto a su influencia y legado musical, sino también una época y un tiempo particulares, previos a la llegada del rock and roll. Además, a uno se le antoja casi una cuestión de justicia con ese trío de músicos que contribuyeron decisivamente a sentar las bases de la música popular estadounidense. Recordaremos estas canciones. Recordaremos estas viñetas…