Nada que ver con La dama del lago (1943), de Raymond Chandler (1888-1959). La trama sucede en la Costa Este, en Baltimore, la «playa» de Washington DC, por la cercanía de ambas ciudades. Pero como en la del autor referencial de la novela negra, Laura Lippman no introduce a su protagonista en un círculo de millonarios, mujeres explosivas o individuos de ocupaciones sospechosas, sino entre personajes corrientes cuya condición, sin embargo, no los exime de la sujeción a las pasiones, la corrupción y el crimen. 

Laura Lippman (Atlanta, 1959) creció más al norte, en Baltimore y estudió periodismo en la universidad. Hasta cierto punto siguió los pasos de David Simon –creador de una de las series de televisión más influyentes de los últimos veinticinco años, como es The Wire (2002-2008)–, y tantos otros autores de éxito, como el creador de la saga de Harry BoschMichael Connelly. Trabajó durante dos décadas como reportera en el mismo diario que Simon, más tarde decidió dedicarse a la literatura.

Según declaraciones de la escritora, La dama del lago se inspira en dos asesinatos reales, acaecidos en Baltimore, en 1969, pero que la antigua periodista traslada a 1966. Lippman, que une el personaje de Madeline SchwartzMaddie, a ambos hechos, comienza a trabajar como reportera en un diario con la intención de arrojar luz sobre los acontecimientos. En el proceso, Maddie huye de un matrimonio que da por concluido, para volver a un anhelo de juventud: ser elemento relevante de la redacción de un periódico. Escenario donde los juegos de poder se nutren de sexismo y racismo, como de las diferencias sociales y de credo. La escritora hace un dibujo detallado de personajes, con sus tics, sus complejos y sus oscuras ambiciones. 

El cuerpo de una joven negra, Cleo, aparece en un lago. En ese escenario, la protagonista ve la oportunidad que ansiaba para hacerse de un nombre y así poder esclarecer el crimen. Más allá de su tozudez, no exenta de soberbia pasajera, no se imagina el rancio mentidero de clichés y mentiras interesadas a los que deberá enfrentarse para contar una historia que nadie, o casi, quiere ver publicada. Es el fantasma de Cleo, cuyas palabras hacen que el lector sienta el intenso control, ese cúmulo de prejuicios existentes sobre Baltimore de la década de 1960. Cleo, en vida, ya hacía que fuese imposible ignorar cómo vive ese lúgubre y escabroso legado que es el racismo. Por mediación de MaddieLippman resigue ese proceloso proceso de cambio, tan necesario, para poder decir en algún momento que una sociedad realmente es libre cuando se muestra inclusiva.  

La trama se amplifica y se beneficia de sus múltiples puntos de vista. La misma escritora se posiciona al respecto. Recientemente, la autora de La piel quemada (Salamandra, 2021) ha declarado que: «siempre escribo sobre temas raciales desde la perspectiva de una mujer de raza blanca y clase privilegiada. No soy quién para meterme en la piel de una mujer negra de pocos recursos económicos, como mucho puedo abordarla desde la posición del observador blanco». 

Lipmann posee la astucia suficiente para trazar escenas y situaciones reveladoras para el lector, que, en alguna ocasión, atisba algún problema de ritmo. Como contraposición, los detalles de las situaciones más cotidianas dan vuelo al carácter de los personajes, que incluso tienen voz propia cuando Maddie sale de foco, y opinan sobre ella y el hecho de no dejar las cosas tal y como están. Lippman resigue el proceso de cambio de Maddie. Está por ver cuánto hay de la narradora en el perfil tan decidido de su protagonista. El subtexto es ser una mujer con voz propia, que sea escuchada y atendida, no apartada sin más.   

En este neo-noir lo fundamental no es solo la sangre derramada. La ambición, la pasión misma por la ambición, es la pauta que marca la notable novela de Lippman, que no tiene reparo alguno en rendir homenaje a las mujeres periodistas. La autora se centra en cómo las personas se adaptan al devenir social o, tal vez, sea en cómo una cultura malsana, en permanente evolución, provoca cambios no siempre agradables en las personas.  

La escritora norteamericana es un nombre a seguir. Laura Lippman se muestra como una aguda observadora del prolijo carácter de los distintos personajes que surgen entre aristas, líneas y círculos narrativos, y que gravitan en torno a Maddie SchwartzLa dama del lago, cuya edición original en inglés, data de 2019, se convertirá en serie de televisión y Madeline SchwartzMaddie, tendrá el rostro de Natalie Portman.