Hay libros que llaman tan poderosamente la atención al verlos —uno de los múltiples motivos por los que el libro digital nunca se le podrá comparar— que ejercen una atracción sencillamente irresistible. Además, y me vais a permitir el pequeño desvío antes de entrar en materia, si la mayoría de las editoriales cuidan sus ediciones, lo de La Felguera es simplemente para quitarse el sombrero. ¿Qué diablos —nunca mejor dicho— es ese ser infernal amenazando Londres en la cubierta? ¿Qué son todas esas fotografías, ilustraciones y eslóganes salpicando los textos? ¡Hasta tengo un cuchillo de madera en casa! —no es broma— cortesía de estos conspiradores culturales. Si no me creéis empezad por echar un vistazo a su web. Muy grandes…

Pero si llamativa es la forma, el contenido es aún más apabullante. Y es que King Mob nos sitúa en Reino Unido, a finales de los 60 para conocer al detalle uno de los episodios más inclasificables y extremos del activismo político-cultural en la historia europea. El misterioso, no del todo abarcable, fugaz, iconoclasta y absolutamente incomparable movimiento revolucionario conocido como King Mob —algo así como el Rey de la Turba, de la Muchedumbre—. Una amenaza en toda regla y en todos los frentes a la conservadora, moralista y consumista sociedad británica de la época.

Herederos del situacionismo francés de Guy Debord pero sin elitismos, con una faceta más vandálica y callejera, King Mob pretendía alcanzar la revolución por la vía del nihilismo activo. La delincuencia —escalofriante su fascinación por los criminales más sanguinarios del país— como el acto reivindicativo más poderoso, el surrealismo como generador del caos en la sociedad capitalista —su primera acción, en las Navidades de 1968, incluía a un Papá Noel a tope de speed para escandalizar a los padres y hacer llorar a los niños—. El radicalismo ideológico envuelto en un halo de misterio con mensajes anunciando el rechazo al trabajo —”Algunas cosas, día tras día: metro, trabajo, cena, trabajo, sofá, TV, sueño, metro, trabajo… ¿cuánto más puedes tragar?”—, la muerte del arte, incluida la música —”Es el arte como cadáver. Los museos como la representación de la vida pasiva, la alienación, la postura del amante del arte como consumidor y espectador”—. Parafraseando a los Beatles, All You Need Is Dynamite. Volarlo todo por los aires para poder empezar de cero. La contracultura como sonora carcajada, infeccioso sarpullido y noqueante puñetazo.

Los geniales “espías” de La Felguera han hecho un trabajo encomiable para recopilar toda la información sobre este peculiar colectivo: panfletos, textos, ilustraciones, pintadas, repercusión en la prensa de la época… resultando un collage ciertamente fascinante. Además, la presente edición —cuarta ya— cuenta con una más que necesaria introducción a cargo de Servando Rocha, escritor y editor de la editorial, seguido de una reflexión de los fundadores de King Mob, Dave y Stuart Wise. Y, por si fuera poco, incluye también una versión ampliada y corregida de El Fin de la Música, ensayo que pese a datar de 1978 sigue resultando un análisis extraordinario sobre el valor del punk del que fueron precursores —Malcolm McLaren, el célebre mánager de los Sex Pistols fue uno de sus miembros—, de la música en general y, por ende, del arte.

No es una lectura fácil, pero su complejidad queda compensada con sus demoledoras conclusiones: el rock, el pop, el reggae —menudo rapapolvo se lleva Bob Marley, según King Mob al completo servicio del poder político— y el punk son un factor más del capitalismo, ya que perpetúan y generan plusvalías económicas al sistema. Por tanto, la música es la antítesis de la subversión. Y esto no lo dicen cuatro resentidos. King Mob conocieron a todos los músicos y actores de la escena británica, pero eso no les impide lanzarse a la yugular. —“Los músicos no pueden mostrar el camino a los desempleados”— sentencian. No mientras el artista aspira al estrellato y la búsqueda de éste pone en marcha una maquinaria de producción enfocada al consumo y la acción pasiva del consumidor. Brillante y con mucho mayor alcance que las actuales polémicas sobre “indies, hipsters y gafapastas”..

Como podéis imaginar, King Mob no podía durar mucho. En apenas unos años el grupo se desintegró, con varios de sus miembros pasándose al “otro lado” o, como se señala sin ambages en el libro, —“eligiendo entre la corbata y la jeringuilla”—. Pese a que los Wise no tienen reparos en aceptar que su cruzada estaba condenada al fracaso y, de hecho, fracasó, el libro también se encarga de señalar su legado, desde el más inmediato y terrorífico sucesor, el grupo armado Angry Brigade —esperamos reedición ansiosamente—, a su influencia en la música o el cómic —a buscar Los Invisibles de Grant Morrison ipso facto—. Lectura densa, pero estimulante como pocas. Atreveos a conocer al Rey de la Turba….