Pocas series -o ninguna- manejarían un cliffhanger como lo ha hecho Killing Eve en su tercera temporada, con respecto al final de la entrega anterior. Hay ficciones televisivas que sobreviven en nuestras pantallas gracias a una intriga hábilmente colocada en el último capítulo para garantizar la fidelidad de sus espectadores al regreso de la emisión. Pero ¿Alguien se creyó que Villanelle mataba a Eve? Los guionistas de la serie confían en la inteligencia de su público y saben que el misterio es menor, un peaje de toda ficción en serie, y quizás por eso nos hacen esperar, al comenzar el capítulo, planteando primero la situación de otros personajes. Luego, aparece, por fin, Eve (Sandra Oh), como si nada, demostrando que la promesa del título de esta serie -disponible en HBO- sigue sin cumplirse. ¿Cómo se resuelve la interrogante de por qué Eve sigue con vida? Cuando ella, haciendo algo tan cotidiano como la compra, se pasa la bolsa de víveres de un brazo, al otro, manifestando un leve gesto de incomodidad que revela una lesión de la que no se ha recuperado del todo. Un disparo certero de Villanelle que no hizo daño en ningún órgano vital. Tan sencillo como ingenioso. Y, sobre todo, todo esto se narra sin decirlo, lo debemos inferir.  

La tercera temporada de Killing Eve no es una continuación exactamente, sino que parte casi de cero, como la segunda entrega, y recoloca a los personajes en nuevas casillas del tablero. Villaneve (Jodie Comer) se reencuentra con su antigua mentora, un nuevo personaje, Dasha (Harriet Walter), que proporcionará varias sonrisas en esa vertiente excéntrica que quizás es lo más original de la serie. El resto de los personajes, Carolyn (Fiona Shaw) y su hijo Kenny (Sean Delaney), Niko (Owen McDonnell) y Konstantin (Kim Bodnia), son presentados en nuevas ubicaciones -geográficas y existenciales- que renuevan el tema principal de la ficción: la oposición entre una existencia gris y anodina -todos tienen nuevos trabajos ‘normales’- y la fantasía de la vida de acción y peligros del espía que encarna la asesina Villanelle. Cuando parece que el primer episodio propone una nueva temporada más ligera, con más humor, se produce un golpe dramático doloroso que nos recuerda que, a pesar de las excentricidades de Villanelle, la violencia en Killing Eve tiene consecuencias trágicas.

Killing Eve en su tercera temporada es más que nunca la parodia de una película de espías, desde una óptica femenina, en la que las mujeres se ríen de todo. Las conspiraciones de ‘Los 12’ parecen más que nunca un mcguffin, un escenario de fondo en el que se mueven los personajes. Pero lo importante no es todo eso, sino los conflictos personales. La relación entre Eve y Villanelle es extraña, graciosa, sexy, contradictoria: dos mujeres que se buscan mutuamente, que intuyen que la otra es eso que les hace falta en su vida, pero que también se temen. Esta relación principal, pero necesariamente ausente, marca todas las demás. Y lo que encontramos es lazos que se rompen, incomprensión, incomunicación, resumiendo, un retrato más bien pesimista -y realista- de las relaciones humanas: Carolyn (Fiona Shaw) y su hija Geraldine (Gemma Whelan); Konstantin (Kim Bodnia) y la suya, Irina (Yuli Lagodinsky); o Eve y Niko (Owen McDonnell), todos esos vínculos generan más estrés y frustración que cariño y compañía. Luego está la soledad de Villanelle, que en esta temporada será sometida a emociones muy intensas, lo que permite el lucimiento de Jodie Comer como actriz. El episodio Are You from Pinner? es una tragicomedia ácida en la que Comer hace, quizás, su mejor interpretación en lo que va de serie. 

El episodio final de la tercera entrega de Killing Eve nos deja, claro, con ganas de más. Pocas series pasan con tanta facilidad de la comedia al drama, pasando por momentos de acción trepidante. A esto hay que añadir una puesta en escena muy cuidada, personajes muy originales -el editor Jamie (Danny Sapani) me parece el descubrimiento de esta temporada- y grandes interpretaciones -la risa de Konstantin, qué maravilla-. Y volvemos al principio, porque la gran incógnita argumental presentada en el primer capítulo se resuelve en el desenlace con un simple diálogo que esconde muchas cosas. Porque lo no contado en Killing Eve es tan importante como lo que vemos, una serie que respeta al espectador hasta el extremo de dejarle con más incógnitas que respuestas.