Kerouac y la generación beat, Jean-François Duval (Anagrama, 2013)

Kerouac y generación beat

¿Quién lo hubiera imaginado? No quiero sonar pedante, pero he dedicado una cantidad muy considerable de mi tiempo leyendo obsesionándome sobre la Generación Beat. Así que, para ser honesto, cuando recibí Kerouac y la generación beat regalo de cumpleaños— del escritor francés Jean-François Duval y publicado por Anagrama, pensé que iba a ser una pérdida de tiempo. Qué equivocado estaba.

A bote pronto, Duval parece el fan por excelencia, el adicto a los beats uno sabe reconocer a los de su especie—. Sin embargo, es lo suficientemente sabio como para usar sus vastos conocimientos sobre la materia para intentar lograr «algo más». Jean-François Duval no trata de escribir una nueva crónica de la época y las vidas de esa generación, sino que decide buscar y encontrar a sus supervivientes para a continuación dejar que ellos sean los que hablen. Sus explicaciones nos ofrecen una vívida imagen de los beats, tan reveladora como fascinante.

Cambiar el tradicional enfoque del investigador/autor por el de la opinión de las personas entrevistadas hace de Kerouac y la generación beat una lectura ligera y atractiva. Lo cuál no quiere decir que el libro sea simple. Al contrario, las diferentes personalidades y puntos de vista conforman un enfoque multidireccional muy completo sobre los beats, en particular, acerca de su miembro más famoso: Jack Kerouac. Los seis entrevistados se pueden dividir en dos categorías. En primer lugar, los supervivientes. El amigo y miembro fundamental del movimiento aunque tras leer el libro es más que dudoso aseverar que en realidad hubiera uno—, el poeta Allen Ginsberg; junto a Carolyn Cassady, esposa de Neal Cassady; y Joyce Johnson, amante-pareja de Kerouac. Y en segundo lugar, los «beats de la siguiente generación», impulsada por la contracultura, como la poetisa Anne Waldman; el gurú e icono del LSD Timothy Leary; y Ken Kesey, célebre escritor autor de Alguien voló sobre el nido del cuco y líder de los «Alegres pillastres» los Merry Pranksters, con quiénes podría decirse trató de llevar En la carretera a la realidad, más allá de las páginas de Kerouac y seguramente con demasiadas drogas involucradas en el trayecto.

Duval lo ha leído todo, así que sabe cuáles deben ser las preguntas, ¿pero eso significa que sabe y, por ende, nosotros sabemos la verdadera historia ? La respuesta es no. Para el devoto confeso resulta desconcertante darse cuenta de que hemos aceptado y, por así decirlo, convivido, con un mito, con la imagen creada por los libros y el impacto e influencia de su literatura, así como los supuestos estéticos y actitudes relacionadas con ella, creyendo que era la verdad. Bueno, esa es la verdad construida, tan solo media verdad, si así se prefiere. Hay otra.

Así, Jack Kerouac se mató lentamente porque no podía soportar su propio mito. Cassady, en palabras de su esposa Carolyn, era un hombre frustrado entre la contradicción de sus obligaciones de hombre de familia padre, marido y su anhelo de explorar el mundo. Kesey y Leary querían ir «más allá» no porque estuvieran experimentando con las drogas, sino porque estaban convencidos de que la vida tal y como la conocemos no es todo lo que debería ser. En cierto modo, los entrevistados por Duval reflejan que los Estados Unidos necesitaban a los beats para ofrecer una definición de los cambios que el país estaba atravesando, construyendo una generación a partir de personalidades, ambiciones literarias y actitudes muy diferentes… Podría seguir, pero no quisiera echar a perder Kerouac y la generación beat. Un libro que, huelga decirlo, es absorbente, se devora, y además, a buen seguro estimulará nuevas lecturas. ¿Mi única queja? Una que suele ser el mejor indicador del interés de una obra. Más largo, ¡tendría que haber sido mucho más largo!