Kate Tempest, sala But, Madrid (27/11/2019)

La artista londinense arrasó en su primera visita a Madrid

Esto es arte. Sin ninguna duda. Y arte del bueno. Del que te llena, te aporta, te hace palpitar, te hace sentir que la vida tiene sentido. Y además es arte practicado con honestidad y una fortaleza implacables. Con Kate Tempest poesía y música se dan la mano, se acarician y estremecen. Interviene para que el rap, el hip-hop sea el vehículo. Hace accesible la poesía al gran público. Su manera de rapear fluye como la seda. En directo demuestra su rodaje absoluto. Tiene estilo, tiene un verbo ágil y el mensaje conciso. Y cada vez llega a más gente. En esta última gira ha conseguido entradas agotadas en Barcelona y Madrid. Y cautivar a un público entregado.

Es dramaturga, poeta y rapera. Con tan solo 33 años Kate Tempest ha escrito tres obras de teatro, ha actuado con la Royal Shakespeare Company, ha escrito cinco poemarios, y publicado tres discos. A sus 30 años fue nombrada miembro de la Real Sociedad de Literatura británica. Ahí es nada. Esas son las cifras. Los honores. Pero hay mucho más detrás de Tempest. Y eso se ve en directo de una manera impecable. Destaca su naturalidad. La tranquilidad de quien dice y hace lo que cree. Retrata la sociedad con una luminosidad increíble. Vemos el mundo gris a través de sus versos, acompañado de esa música, trip-hop o rap, a veces paisajes sonoros cargados de nostalgia, otras de ambiente opresor. Y todo fluye. Pero, ¡cómo fluye! Ojalá la nueva poesía en España tuviera la fuerza, la honestidad, el fluir, los mensajes tan directos de Tempest, cargados de vida, de dolor y de sueños. Y con una firmeza que clama a la conciencia.

En directo se acompaña de una teclista, que dispara bases y secuenciadores, y son uña y carne, en un repertorio que fluye con una suavidad y un poderío asombroso. Y nos impacta su manera de expandir el amor, de hablar de lo que no le gusta, de inundarnos de motivos para seguir, de tender la mano al prójimo, de crear puentes y alianzas. Porque detrás de sus letras, de su poesía hay algo espiritual que nos conecta con la vida. Inicia su concierto con “Europe is lost”, una canción con pegada, con palabras demoledoras, crítica con el Brexit. Recoge canciones de sus dos primeros discos en una primera parte, “Marshall Law” suena demoledora, “Circles” es un temazo con un ritmo penetrante, y después desmenuza en su totalidad “The Book of Traps and Lessons” (Republic Records, 2019).

En la recta final “Holy Elixir” nos sacude con una base sencilla y una melodía que se enrolla, que crece y que se convierte en algo agobiante. Recita desde las bajas pasiones, hasta la realidad del desamparado, o como extrañada de lo que le rodea. También habla sin tapujos de su sexualidad, “People’s Face” dedicada su novia, sirve de cierre perfecto a un concierto redondo. Hora y veinticinco minutos que han pasado volando, perfilando una radiografía de la vida y de lo contemporáneo bajo la mirada y la firma del talento de Kate Tempest. Que es una mirada aguda, fina, cortante, pero también llena de esperanza, y seguimos con lo que desprenden las caras de la gente. Y bendita paz que transmite Tempest, la conexión que consigue es total, hablando de empatía, de respeto. Acaba la canción y su teclista y ella se abrazan, en un abrazo sincero y muy cercano. La gente quiere más pero sale para agradecer la conexión y que no le gusta hacer bises. Que siente decepcionarnos. Y tú sales del concierto pletórico. Reconciliado con la humanidad. “Gente así”, te dices. “Gente así nos ilumina”.  

Foto: Blanca Orcasitas