7.7
Score

Final Verdict

En ‘It Was Home’, Kaina nos deja una notable colección de canciones en las que el soul más sedoso y reposado se da la mano con algo de psicodelia y otro poco de rock. Una artista a la que hay que seguir la pista.

Kaina no es una cantante de R&B y soul al uso. El proyecto de Kaina Castillo, una chica de Chicago de ascendencia guatemalteca y venezolana, se puede meter dentro de este nuevo grupo de artistas soul que viran hacia sonidos sedosos de lo más clásicos. Pero sería una forma muy vaga de describir su música. Y es que, para empezar, no le tiene miedo a experimentar con otros sonidos. Ya sea recurriendo a la música que escuchaban sus padres de jóvenes, o yéndose un rock alternativo que, en un principio, no tiene nada que ver con su rollo. La prueba la tenemos en que aquí nos encontramos con colaboraciones de artistas tan dispares como Sleater-Kinney y Helado Negro.

It Was Home’ es un disco en el que recurre a la morriña que le supone no estar en casa con los suyos. Ella misma confiesa que es una persona a la que le gusta estar rodeada de su gente. En parte, por esa educación hispana que tuvo de pequeña, en la que la familia ocupa un papel muy importante. Sino el que más. Y en parte, porque vivían en un apartamento muy pequeño y no les quedaba más remedio que estar la mayoría del tiempo acompañados. Todo esto se refleja muy bien en el álbum, el cual, mayormente, se deja llevar por un sonido de lo más cálido.

Resulta casi imposible no dejarse seducir por estas canciones. La voz de Kaina es de esas que te envuelve por su tono acogedor sin apenas sobresaltos. Porque, además, no necesita hacer gorgoritos para demostrar que cuenta con unas cuerdas vocales prodigiosas. Y eso hace que cortes como “Anybody Can Be In Love”, en el que mete un solo de guitarra que es puro setentas, “It Was Home”, o “Sweetness”, te metan dentro de su nebulosa soul. Pero no se queda ahí, y también sabe lo que es irse a momentos más folk y psicotrópicos en “In My Mind” y “Come Back as a Flower”. O acercarse a sonidos más dance en la estupenda “Apple”. Además de tirar de sus raíces y lanzarse al castellano en “Casita”.

Las tres colaboraciones muestran la variedad que encontramos en el álbum. La primera es esa “Good Feeling” en la que aparece el artista de ascendencia japonesa Sen Morimoto. En ella sigue el camino del soul sedoso de otros temas del álbum, y la verdad es que le sienta muy compartir esta faceta con otra voz. Sin embargo, en “Ultraviolet”, se adentra en un rock algo escurridizo en el que las Sleater-Kinney llevan la canción a su terreno. Algo que también ocurre con “Blue”, ya que Helado Negro también consigue dejar su huella en este denso tema algo psicodélico. Eso sí, para cerrar el disco a lo grande no le hace falta compañía, porque “Golden Mirror” es un estupendo y emocionante tema de soul en el que se pone algo más efusiva. Algo así como la canción perfecta para cerrar la discoteca.