Los dinosaurios ya no dan tanto miedo

Conviene recordar que el esquema argumental básico en el que un grupo de aventureros encuentra una jungla en la que perviven animales prehistóricos, para luego llevar a la civilización a uno de esos especímenes extintos, se remonta nada menos que a 1912, en la obra de Sir Arthur Conan DoyleEl mundo perdido. Dicha novela clásica de aventuras fue llevada al cine -mudo- en 1925, con efectos especiales del pionero Willis O’Brien, que sería el creador de King Kong, el gigantesco simio protagonista de la película de 1933 que, con variaciones, repetía el mismo argumento ideado por Doyle. No es casualidad, por tanto, que las enormes puertas que se abren para entrar al Parque jurásico (1993) sean un homenaje a las de King Kong, ni que la continuación de 1997 se titule El mundo perdido. Todas las secuelas posteriores a la primera película de Steven Spielberg -que adaptaba la novela de Michael Crichton– han recreado, de una forma u otra, el mismo esqueleto argumental, y cada una de ellas ha sido -es mi opinión- menos satisfactoria que la anterior.

Si en 1993 pensamos que Parque jurásico era un ‘Spielberg menor’, y muchos se horrorizaron con la secuela, hoy, creo yo, ambas películas son estupendas muestras del talento del director para el cine comercial y, sobre toda la primera, está cerca de convertirse en un clásico. No se puede decir lo mismo de la tercera parte, dirigida por Joe Johnston, que es un divertimento de serie B, muy disfrutable pero menor. Jurassic World (2015) fue el reboot de la saga, un estimable intento de revitalizar la franquicia, lastrado por la nostalgia, al que seguiría la extravagante El reino caído (2018), en el que Juan Antonio Bayona se llevaba la franquicia a su terreno, metiendo a los dinosaurios… en un caserón gótico. Pocas esperanzas quedaban por tanto de que la nueva Jurassic World: Dominion resucitase el interés por los dinosaurios. Pero lo cierto es que estamos ante un efectivo blockbuster que solo buscar ser un entretenimiento familiar. Para ello, juega la carta, ya manida, pero válida, de recuperar a los actores de las entregas originales, en un intento desesperado por recrear sensaciones pasadas. Y la verdad es que funciona. Volver a ver a Sam Neil, Laura Dern y a Jeff Goldblum no debería molestar a nadie, todo lo contrario, porque además son estupendos actores. Los tres se unen a los protagonistas de la nueva trilogía, Chris Pratt, Bryce Dallas Howard y la niña Isabella Sermon, lo que, decididamente, conlleva la sobrepoblación de la historia.

La gran novedad de esta entrega es que los héroes ya no tienen que viajar a un mundo perdido, ya que los dinosaurios se han expandido por todo el planeta, lo que se cuenta en un prólogo que es lo mejor de la película. Una pena que no se haya querido desarrollar esta idea, que puede parecer absurda, pero, la verdad es que después de una pandemia mundial, un clima enloquecido y una guerra, convivir con dinosaurios no parece tan descabellado. Jurassic World: Dominion es una película de Parque Jurásico postcovid, que reitera sus temas ecologistas, sus advertencias sobre el daño que hace el ser humano al planeta y sobre la manipulación genética, solo que ahora todo eso ya ha ocurrido. La película -conscientemente o no- nos presenta un mundo nuevo y refleja desastres naturales que estamos viviendo en la vida real -plagas de langosta, incendios forestales terribles, animales que invaden la civilización- y nos dice que la única forma de sobrevivir es aprender a convivir con la nueva situación. La película se resigna a que los dinosaurios ya no importan demasiado, que los hemos visto a todos -aunque aquí aparecen varios nuevos- y plantea un thriller de científicos locos, manipulación genética, clones, multinacionales sin escrúpulos y terrorismo ecológico. Las secuencias de humanos huyendo de voraces dinosaurios son casi un añadido: los vemos en escenarios imposibles -las calles de Malta- que el director, Colin Trevorrow, utiliza para proponer electrizantes set pieces de acción o de terror que convierten la película, de nuevo, en algo parecido a un parque de atracciones.

Jurassic World: Dominion Una cinta palomitera que relaciona hábilmente -aunque sin brillo- tramas de cada película de la saga, dándole un cierre satisfactorio, aunque no memorable. Y a pesar de que se agradece el intento de hacer evolucionar la historia de los personajes, sobre todo en lo que se refiere a sus relaciones personales, el esquema, inevitablemente, vuelve a ser el de siempre. Aventureros en una jungla enfrentados a animales prehistóricos. La historia puede parecer siempre la misma, pero quizás en los años 20 y 30, penetrar en el mundo perdido tenía que ver con la bestia oculta en el inconsciente, y en los años 90 con el miedo a que la tecnología domine nuestra vida -el complejo de Frankenstein- pero en 2022, tras varios conatos de apocalipsis, el mensaje parece tener que ver con que los dinosaurios también dominaron la Tierra y ahora, están extintos.