No sé si habéis pensado alguna vez que Superman tuvo que falsificar sus papeles tras llegar a la Tierra. El superhéroe kriptoniano es la gran metáfora del inmigrante, creado por dos judíos aficionados a la ciencia ficción en 1938. Hoy, Kal-El tendría el pasaporte falso de un refugiado. Aryan Dashni (Zsombor Jéger), también puede volar y es invulnerable a las balas, pero no esperéis que se convierta en el salvador de los oprimidos en Jupiter´s Moon, la película ganadora del pasado festival de Sitges.

El referente explícito del director húngaro Kornél MundruczóWhite God (2014)- es cristiano -aunque su “mesías” es musulmán- con referencias constantes a crucifijos, milagros, y resurrecciones; pero sus potentes imágenes de un hombre flotando, desafiando las leyes de la naturaleza, y de las caras de asombro de los que miran hacia arriba por primera vez, remiten al álter ego de Clark Kent con una inocencia que echaba de menos. Dashni recibirá la ayuda del verdadero protagonista, Gabor Stern (Merab Ninidze), un médico con pasado oscuro y presente corrupto, que busca expiar una culpa. Si Dashni intenta colarse por la frontera hacia Europa, la tierra prometida, Stern suele entrar por la puerta trasera de hospitales, zonas militares, restaurantes y hoteles para sus trapicheos. Estos movimientos clandestinos de los personajes son seguidos con nervio por la cámara de Mundruczó -nominado a mejor director en Cannes- elaborando planos secuencia encadenados que imprimen un ritmo tremendo al film. En esto recuerda a la soberbia, y también húngara, El hijo de Saúl (2015). Destaca además una vibrante secuencia de persecución en la que los coches corren entre el tráfico urbano. Visualmente, Jupiter´s Moon es de un virtuosismo constante. Luego están las hermosas escenas que hacen uso de unos eficientes efectos especiales para hacer creíble que un hombre se eleve, y que están resueltas de forma poética, bien apoyadas en la banda sonora. El mayor valor de esta película es su capacidad para combinar el dinamismo de un film de género con temas de calado como el drama de los refugiados, la corrupción institucional, y sobre todo el dilema de mantener una moral individual cuando todo alrededor se desmorona.